Me presenté con turrones de café para compartir un pedacito de mi tierra y ahí empezó todo… Soy Katherine León Zuluaga y cuento en este post mi estancia en el Área de Educación del Museo Nacional Thyssen-Bornemisza.

Cuando llegué al Museo Nacional Thyssen Bornemisza, a finales del mes de mayo del 2019, con los últimos rezagos de la primavera, tenía en mente un objetivo, aprender sobre accesibilidad e inclusión. ¡Vaya menuda tarea! Sabía que tenía poco tiempo, así que debía atesorar cada momento y convertirme literalmente en una esponja para absorber lo que más pudiera en mi corta pero nutrida estancia y, de esta manera, poder regresar a Colombia con la maleta cargada, llena de aprendizajes que potencializaran nuestro trabajo en la Sección de Servicios al Público y Educación, de los Museos de Arte del Banco de la República

Para empezar, era importante partir desde la raíz ¿Qué era el Departamento de Educación? Y ¿Quiénes le daban vida? Me acerqué inicialmente a través de lecturas y estuve en una charla con dos miembros del equipo educativo, quienes hablaron sobre la gestión del museo y su trayectoria; ese abrebocas fue suficiente para mí, pues era bastante prometedor el panorama, a luz del trabajo que evidencié en ese acercamiento, y que fue la motivación para querer realizar mi pasantía. Pero solo estando allí  puede dimensionar la magnitud de su quehacer educativo y social, y así fue que descubrí lo que es el Área de Educación del Museo Nacional Thyssen-Bornemisza.

Llegué un jueves soleado, con una emoción vibrante dentro de mí. Eran las 9:30 a.m., había caminado sobre la Calle de Marqués de Cubas y a mi paso había dejado atrás diferentes edificios que hablaban de una arquitectura ecléctica. Llegamos al piso tres, había un mensaje en la puerta: “Repensar los museos”. De entrada, me regaló una noción provocadora por parte de quienes habitaban el espacio. Al cruzar la puerta, estaban allí, en la cotidianidad de las horas tempranas, teléfonos repicando, teclados en movimiento. Me presenté con turrones de café para compartir un pedacito de mi tierra y ahí empezó todo…

Me encontré con un equipo humano soñado, y estas ideas pueden resumir los aspectos principales que observé:

  • Equipo de altísima calidad, multidisciplinar,  y con diferentes competencias.

  • Atravesado por el componente educativo, que está adherido a su piel.

  • Desempeñan un rol activo: están presentes en la gestión, el diseño y la acción de cada proyecto, y esto es significativo en la medida que les permite entender cómo se desarrolla toda su programación y poder reconocer así qué funciona y qué no, hacer ajustes, y lo más importante, tener una conexión directa con el público, que abre una puerta al universo de cada visitante. 

  • Todos participan en la programación educativa, donde cada uno lidera una línea de acción específica, cuyas temáticas son diversas: migración, género, accesibilidad, escuela, entre otros.

  • Es evidente un trabajo en equipo muy fuerte que denota sinergia y empatía

  • Hay un alto componente de conceptualización, producción y creación de diferentes iniciativas, apoyado en el compartir de muchos años juntos.  

Es un área que se ha fortalecido con los años, hay un recorrido amplio en el diseño de actividades, que evidencia una evolución en su programación educativa y que habla de una experticia en el componente de creación y ejecución, resultado de las diferentes miradas que aporta el equipo de trabajo. Tienen una relación importante con organizaciones, centros educativos y universidades que potencia su labor educativa. Ni que decir de su plataforma digital, la cual vale la pena ser visitada por sus útiles contenidos.

Es fascinante ver proyectos consolidados y diferenciados para cada tipo de público. Los proyectos son pensados a largo aliento y esto permite que se generen procesos y se puedan evaluar los resultados, así como que se generen relaciones potentes con sus públicos.  

Ahora bien, como una de mis motivaciones era conocer sobre accesibilidad e inclusión, puedo decir que advertí una gran coherencia. Desde la visión, objetivos y valores institucionales, hay una claridad expresa respecto a la acción social, que es como ellos denominan a este componente. Una parte que fue bastante resonante para mí  y que conecta con lo que expreso es: “Entendemos el museo como un espacio social y comunitario donde la experiencia personal se integra para crear un modelo de normalidad basado en la diversidad”.  Que se traduce en que no hay una normalidad establecida.

Para adentrarme en ese quehacer, asumí un rol participativo que me permitió ser como un miembro más de los grupos, estuve en muchas de sus visitas, sobre todo en las que pertenecían al programa Hecho a medida, el cual busca generar una visita lo más adaptada posible a las necesidades de sus participantes, entendiendo que en este programa se dan lugar diversas poblaciones. 

Desde ese carácter social, hay un interés constante en el diálogo, en interactuar con el público, de propiciar experiencias, de generar “viajes únicos” como ellos mismos lo manifiestan; hay búsquedas para acortar distancias y extender puentes que conecten a sus visitantes con su colección. A través de todo lo anterior, fue claro entender de qué manera estaba pensado el museo y cuál era su filosofía, un museo con un carácter de educación social y un museo abierto a los públicos, que piensa en comunidad. 

Siendo un viernes a las 7:00 p.m., partí con mi cuaderno de la portada de Gabo y Macondo lleno de valiosos apuntes, con unas cuantas lágrimas resbalando por mis mejillas de pura alegría y nostalgia. Me hubiera querido quedar con ellos o llevármelos aunque fuera en los bolsillos, con una gratitud infinita por tanta generosidad y calidez recibida, con ese sabor de satisfacción de haber vivido cada día intensamente aprendiendo algo distinto; sabiendo que cada conocimiento sería capitalizado de la mejor manera y reafirmando que pueden haber muchas teorías sobre educación en museos, proyectos muy elevados y de gran factura, pero que nada, absolutamente nada es posible, sin la gestión de un verdadero equipo humano, porque ellos son los artífices. 

 

Katherine León Zuluaga. Coordinadora en Sección de Servicios al Público y Educativos Unidad de Artes y Otras Colecciones. Subgerencia Cultural. Banco de la República . Bogotá, Colombia.

Fecha de publicación:
15 de Abril de 2020
Imagen
Katherine León Zuluaga
Información sobre el autor:
Coordinadora en Sección de Servicios al Público y Educativos Unidad de Artes y Otras Colecciones. Subgerencia Cultural. Banco de la República. Bogotá, Colombia.

Comentarios

Debes estar registrado para poder realizar comentarios

Inicia sesión ¡Regístrate!

En el blog del proyecto

Post. ¿Y ahora qué hacemos? III
Post. ¿Y ahora qué hacemos? III
15 de Junio de 2020 - luz
Cerramos este tercer post con un gran abanico de preguntas que nos acompañan en el día a día como parte de los nuevos retos a los que nos enfrentamos. ¿Qué pregunta se nos quedó por fuera? 
Ver más
Post. ¿Y ahora qué hacemos? II
Post. ¿Y ahora qué hacemos? II
15 de Junio de 2020 - luz
Continuamos haciendo una recogida de los temas abordados en las conversaciones entre educadoras, durante el mes de Mayo y en torno a la celebración del Día internacional de los museos 2020: Museos por la igualdad: diversidad e inclusión.
Ver más
Post. ¿Y ahora qué hacemos? I
Post. ¿Y ahora qué hacemos? I
15 de Junio de 2020 - luz
Aquí iniciamos tres post en los que recogemos y compartimos algunas de las reflexiones que surgieron del ciclo Conversaciones ¿Y ahora qué hacemos? durante el confinamiento! Esperamos sumar otras voces para que la conversación continúe. ¡Déjanos tus comentarios!
Ver más
El amor nace de un flechazo; la amistad del intercambio frecuente y prolongado
Octavio Paz