Cuando proyectamos una actividad educativa en el ámbito de un museo ¿qué objetivos, generalmente, deseamos alcanzar? Os contamos una experiencia tras trabajar en el aula con el videojuego Nubla.

Jugar conlleva participar y colaborar. Jugar propicia comunicarnos con otros e interactuar con el objeto a conocer. Al jugar reflexionamos, resolvemos problemas y construimos nuevas experiencias y, como señala J. Bruner, -“en el juego transformamos el mundo exterior de acuerdo con nuestros deseos, mientras que en el aprendizaje nos transformamos nosotros para conformarnos mejor a la estructura de ese mundo externo”. Todo ello “en un lugar y un tiempo”, de un modo motivador y práctico.

Y jugar es lo que han hecho las chicas y chicos del colegio ‘Ntra. Sra. de las Maravillas’ en el museo. Jugaron con el espacio, con las obras, con sus compañeros y con sus ideas, tomando como base el videojuego Nubla. Se desarrolló entonces una experiencia de aprendizaje diferente, que partiendo de uno de los elementos más poderosos de nuestra cultura “lúdica”, ha servido para que los alumnos creen una conexión única con su patrimonio.

¿Qué hicimos? Jugar con la magia de la narración. Desarrollamos diferentes visitas partiendo de los tres elementos narrativos que guían el argumento de cualquier videojuego -personajes, mundo y objetivos- y lo trasladamos a las obras que sirven de base a Nubla. A partir de ahí los participantes elaboraron historias paralelas, colaboraron, plantearon mecánicas de juego, se motivaron, percibieron el museo de un modo distinto y transformaron el espacio para convertirlo en el escenario de sus historias.

El aprendizaje –a partir de diferentes experiencias gamificadas en el aula y el museo- en un entorno lleno de estímulos como el nuestro potenció los sentidos de los participantes con el fin de establecer relaciones interdisciplinares con otros ámbitos creativos y, sobre todo, conectar con el elemento primigenio sobre el que gira nuestra labor: la obra de arte

PD. Esta experiencia no hubiese sido posible sin la profesora Ana Salado De La Torre. Una docente todoterreno sin miedo a innovar y a jugar. A ella gracias infinitas por creer en el museo y en otros “modos” de aprender. 

Fecha de publicación:
30 de Noviembre de 2017
Imagen
Salvador Martín Moya
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Educador

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