¿Cómo un museo puede hablar de lo otro sin abrirse a lo otro? Soy Luz Helena Carvajal y os cuento mi experiencia de intercambio con educadoras de América Latina.

A las solicitudes habituales de estudiantes de diversos grados o másteres, que buscan realizar sus prácticas en nuestra Área de Educación -solicitudes comunes en la mayoría de los museos-, desde el año 2017 se han sumado solicitudes de jóvenes profesionales de la educación en museos, que buscan compartir tiempo y experiencias, con otros profesionales, a partir de un tema específico, relacionado con su trabajo diario en instituciones museísticas. Estas jóvenes profesionales -todas han sido mujeres-, se han gestionado becas y apoyos financieros y logísticos, a través de diversas instituciones públicas y privadas (como Ibermuseos, con sus becas de capacitación, los Ministerios de Cultura o Fondos Culturales de sus respectivos países); a través de los propios museos, los cuales han invertido en investigación y formación de sus educadoras, y en otros casos han sido ellas mismas quienes han costeado sus estancias.

Este incremento en las solicitudes de estancias profesionales, ha significado replantearnos la manera de recibir a las personas en prácticas, dada su experiencia profesional, y la oportunidad que son ellas en sí mismas, de conocer otros entornos y contextos en el ámbito de la educación en museos, un interés que también parte de ellas, por difundir y dar a conocer su trabajo. Se dan entonces las condiciones necesarias para generar únicos y afectivos espacios de intercambio, en los que nuestro equipo de educación se ha vinculado al completo.  Al finalizar las estancias realizadas hasta comienzos del año 2020, los procesos de intercambio vividos, nos han empujado hacia la necesidad de mantener los vínculos que han surgido, y así dar continuidad a las conversaciones y relaciones iniciadas. 

Aunque la relación con países de Norte y Sur América, como México, Colombia, Ecuador, Chile, Argentina, perú y Brasil, desde el Área de Educación del Museo Nacional Thyssen-Bornemisza se han trazado con puentes llenos de amistades y experiencias, siempre es importante volver al punto de partida, al punto de origen que exige comenzar desde el desconocimiento  y de la escucha activa, ya que hoy más que nunca, las sociedades cambiantes exigen salir de los lugares comunes. 

Este es el inicio de esta especie de encuentros virtuales, que surgen como un espacio de diálogo a través del cual se extiende la conversación. En primer lugar, no todas las educadoras se conocían, lo que de entrada ya genera un cruce interesante, y es que entre ellas puedan conectarse y comunicarse, más allá de la vinculación con el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza. 

Adicionalmente es enriquecedor para todas las partes seguir conociendo cómo se van dando los procesos, una vez ellas han regresado a sus museos, y se deben enfrentar de nuevo su contexto y a la práctica que es cotidiana para ellas, pero con todas las referencias, relaciones, colores, olores, sabores, afectos y desafectos, que llevan en su mochila, de toda la experiencia de su viaje, aprendizajes de todo lo que conlleva su traslado a Madrid, incluido todo lo que viven fuera del museo, y en otras instituciones visitadas. 

Para nuestro equipo, estas conversaciones con educadoras de países de Sur y Norte América, en el caso de México, nos permite abrirnos a otros contextos y reconocer marcos más amplios, de los que nos brinda nuestra propia práctica. El compartir con educadoras de otros países, con los que compartimos una misma lengua, nos facilita reconocer una cercanía, que poco a poco se va transformando en diferencia. Lo más enriquecedor parte de una conversación, del allá y el aquí, de lo visto y lo hecho, de preguntas, de querer conocer más. En este cruce, el lenguaje marca experiencias que son cotidianas para unas, pero totalmente nuevas para otras, lo que hace que haya una interrupción, un cortocircuito, el momento más bonito, el que nos exige ponernos en contexto, en el que a pesar de hablar el mismo idioma, la comprensión se desdibuja. 

Son precisamente estos aprendizajes, los que nos plantean un reto desde lo educativo, es decir, desde la propia transformación de nosotros y de nuestra institución. Este reto es permitirnos esa posibilidad de ponernos en lo desconocido, y adentrarnos no sólo en nuevos/otros nombres, en nuevos/distintos sustantivos, si no en inéditas costumbres, en ajenas maneras de responder ante el entorno, en nuevas/desconocidas prácticas, en otras razones y otras manera de entender el ritmo del mundo, y su porqué. 

La gran riqueza de estos intercambios está en descubrir eso que nos recoloca en una dimensión de comprensión diferente, ya que deconstruye, una y otra vez, nuestros muros institucionales y nos plantea reflexionar, nos exige abrir la mirada y vislumbrar también otras maneras de hacer, otras sensibilidades de estar, otras posibilidades de construir. 

¿Cómo un museo puede hablar de lo otro sin abrirse a lo otro? ¿Cómo desde lo educativo flexionamos a la institución y permitimos que lo distinto entre al museo? ¿Hasta dónde es posible que eso “otro” que percibimos, pero seguramente no entendemos del todo, se tome el museo? 

Con estos encuentros virtuales y los intercambios que de ella podamos generar, planteamos una necesidad constante por ampliar nuestra cultura, por ir hacia lo desconocido y desde allí sumar elementos que amplíen nuestro mundo de relaciones. Entre más relaciones podamos establecer, mayores serán las posibilidades creativas e imaginativas que nos conduzcan a otras realidades, ojalá algunas más justas y equitativas. 

Queremos que la conversación continúe, porque queremos ampliar nuestro lenguaje y con él nuestra forma de asimilar el mundo, entrenarnos en desplazamientos desconocidos que nos permitan profundizar -sea lo que sea profundizar-, en aquello que tenemos interiorizado como identidad, intercambio, red. Queremos, a través de estas conversaciones en simultáneo y en varias direcciones, crecer en lo poético, lo emotivo, lo afectivo, en el cuidado y en los procesos. Sirva este ejercicio para aproximarnos a otros entornos, al propio y precisamente al latinoamericano, desde un idioma compartido, también desde una profesión y una vocación compartida, para abordar nuestro quehacer en los museos desde la apertura y el genuino interés de compartir con ese otro distinto, que permanentemente estamos lejos de conocer.  

Luz Helena Carvajal Bautista. Educadora del Museo Nacional Thyssen-Bornemisza. Madrid, España.

Fecha de publicación:
15 de Abril de 2020
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Luz Helena Carvajal Bautista
Información sobre el autor:

Educadora Museo Nacional Thyssen-Bornemisza

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Aprender otro idioma no es solamente aprender palabras diferentes para las mismas cosas, sino aprender otra manera de pensar acerca de las cosas  
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