Hoy quiero rescatar un texto del año 2008, que escribimos en el momento que  estábamos replanteando las lineas de educación y accion  social del Área.

Este es un texto para gente que cree en hacer para ser y llegar a ser, (creer ya es en sí una manera de ver y por tanto de hacer visible). Son reflexiones que se encuadran en el concepto de la RBC (Rehabilitación Basada en la Comunidad) y de cómo entendemos, cada vez más, el museo cómo un espacio comunitario, por y para las personas. Un espacio donde dar voz a lo silenciado y espacio a lo invisibilizado. Un tiempo de aprender a mirar con nuevos ojos y poner el foco en las capacidades. La rehabilitación basada en la comunidad (RBC) se centra en mejorar la calidad de vida de las personas con discapacidad o en riesgo de exclusión y sus familias; en atender las necesidades básicas de estas personas y velar por su inclusión y participación.

La RBC se ha convertido en una estrategia multisectorial que habilita a las personas para que puedan acceder y participar de manera activa en todos los servicios: educativos, sanitarios, culturales, laborales. Se lleva a cabo mediante los esfuerzos combinados de las personas sus familias, las organizaciones, las comunidades y los servicios gubernamentales y no gubernamentales pertinentes en todas las esferas. Se genera una red para transformar los contextos discapacitantes en espacios de presencia activa, una red que incluye a las personas como protagonistas y actores de su participación en la comunidad. Es difícil entender una comunidad en la que no se cuenta con el otro, en la que se le ignora, se le hace invisible y en la que se vive en compartimentos estancos. El acto de contemplar es una manera de verse sí mismo a través de la huella de otro ser humano. Mientras no hay un espectador, mientras no hay otro ser humano, las obras son un desierto en espera de lluvia. Pura posibilidad, pero en latencia. Como decía Elliot Eisner: "La mayor parte de lo que hacemos cuando vemos no tiene como resultado una nueva manera de ver el mundo. Pero esto es lo que suelen hacer las artes." Creo que por eso el arte como espacio de dialogo o de contemplación ante la obra nos permite ejercer múltiples planos de lectura ante ese hecho simbólico que es la obra de arte y que, como espacio de creación, se constituye como un soporte perfecto para la capacidad simbólica inherente al ser humano. Esa capacidad que nos permite narrar y narrarnos; construirnos no como una realidad cerrada y plana sino en toda la complejidad de lo que somos aun sin saberlo.

La mayoría de nosotros acabamos en un punto extraño, al que ignoramos cómo hemos llegado, diciendo que no sabemos de arte y creyendo en nuestras incapacidades artísticas, pero la realidad es que no saber el nombre de algo no significa no entenderlo y comprenderlo ni nos incapacita para poder analizar y dialogar. Por otro lado el saber los nombres complejos de las cosas no te garantiza entender los hechos. Llegar a esa deriva, en la que la persona se siente negada ante el hecho creativo es como si en algún lugar de su interior se hubiera arraigado la idea de su falta de capacidad para el arte, que en ocasiones, es un trasunto simbólico de la vida. Por eso trabajar con el arte nos devuelve nuestra capacidad de ser, de creer, de imaginar y de actuar... Comprender que esa aparente incapacidad no es cierta nos abre un mundo de posibilidades.

Permitir y dar espacio a las personas por medio de la acción educativa en los museos creando redes con los profesionales comunitarios y las personas nos permite transformar la visión de las personas sobre sí mismas y sobre su manera de narrarse. Se trata de una transformación que autoafirma a la persona y le devuelve su espacio permitiendo que contribuya con su voz a una nueva construcción del relato. Una voz no tenida en cuenta que genera nuevos planos de lectura y nuevas visiones que se transforman en nuevas oportunidades para todos.

Fecha de publicación:
17 de Abril de 2019
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Alberto Gamoneda

Comentarios

Ana María  Abad Fernández
Ana María Abad Fernández

Y es que sin duda el Arte constituye esa forma de metamorfosis y de transformación social que nos deja parapetados en un acto de reconocimiento sobre lo que fuimos y de alguna manera, ya no volveremos a Ser tras la experiencia de enfrentamiento con la obra. En algo nos emplaza a algo diferente. En algo nos adentramos casi sin darnos cuenta en un estado de extrañamiento tras la experiencia..
Y es que rescatando lo que nos recuerda nuestro querido Educador Alberto,.. el Hacer para Ser y Llegar a Ser que una de las maestras de la Terapia Ocupacional, Ann Wilcock nos enseñó.. Poder conectar eso que la persona Hace, a algún espacio de su Ser...y el disparador hacia una nueva visión de sí mismo, podrá comenzar a dibujarse... Por eso no utilizamos el Arte como medio de ocupación del tiempo. No lo juzgamos.. Apostamos a más. Apostamos en poder favorecer esto que Wilcock nos plantea y que trae consigo el reto... Máxime cuando la persona, dañada, con su narrativa truncada, con su historia de Vida fragmentada... se abandona en una suerte de no confianza en sí misma, ni tampoco de sus capacidades, ni en la de los acompañantes de los recursos de rehabilitación que visita, ni tampoco de aquello que algún día fue.. ni de los espejos a los que se miraba y le recordaban quién era...
Utilizamos el Arte como vía de proyección, como esa suerte de urdimbre que proporciona la calma y la.. belleza. El Arte valida. El Arte viene a decir que aquello que pensabas y te atreviste a referir y a expresar, resulta válido.. resulta re-conocido por un Otro.. ese que comienza a actuar como un nuevo espejo donde volver a recobrar la confianza hacia una nueva historia co-creada.
Ese Arte que como nos recuerda siempre el Museo, hace ver la belleza que tal vez uno lleve dentro.. también el que parte de su historia truncada, el de la mirada perdida, el preso por ya la desconfianza a una nueva meta.. el Arte le da cabida, refugio donde poder pararse y desde la calma, volver a crecer y re-significar.
El Ser, por medio de su Hacer, Llega a Ser.... que se atreve y matiza otra maestra de la disciplina como lo es Inda Zango.. el Arte arraigado a ese Ser que por más vaivenes y oleadas que sobrevengan, mantiene en algún lugar, el espacio para provocar la opción a dejarse sorprender cuando el Hacer que llega resulta ajustado en desafío, proporcionada la tarea, cuidados los apoyos, los funcionales y los emocionales.. y la práctica y repetición de la experiencia, va permitiendo una flexibilidad que va vinculando a ese Llegar a Ser.
Posibilitar una experiencia por medio del Arte de escenas reparadoras que permita que la persona se predisponga a verse poco a poco empoderada, tratando de re-significarse y poder anticiparse en éxito y en competencia y desde ahí predisponerse a volver a confiar en Sí. Volver a ilusionarse en visualizarse cumpliendo las demandas de roles sociales.. esos que algún día marcaron su Vida.. ese Ser Amigo, Hermano, Hijo, Trabajador, Estudiante, Pareja, Ciudadano... y tan largo etc..

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Alberto Gamoneda
Alberto Gamoneda

Es cierto, trabajamos en una larga cadena, creamos una red entre los que trabajamos en educación en museos y los que trabajáis en espacios de salud socio comunitaria, es una cadena que se crea en el dialogo y la escucha; en el aprendizaje compartido y en la evaluación continua. Un cadena que nos sirve para crear un marco de seguridad, para acotar espacios donde las personas puedan abrir su potencial y regenerar su Hacer para ser y llegar a ser y el Museo, las obras de arte y y nuestra capacidad simbólica y proyectiva como espectadores hace el resto

Muchos, todavía no lo entienden, no es algo que pase con el producto o la visita pre diseñada,  con el curriculo cerrado y sabiendo de antemano cual debe ser la experiencia. La revolución no tiene que ver con la experiencia pensada para ti pero sin ti, y más cuando el viaje vital te ha golpeado haciéndote encerrarte en los interiores más seguros, aislándote de todo cuanto puede dañarte, renunciando a cosas como la confianza o la autoestima y convirtiéndote en un habitante de los márgenes y las esquinas. Cuando te encapsulas harás lo que otro te pida, pero no es es Hacer lo que el otro quiere lo que buscamos, es generar espacios donde vuelva la voz, la seguridad y la confianza...

Nos podrían decir que esto son sólo bonitas palabras. Pero los profesionales y participantes  que pasais por el Museo y con los que co creamos cada experiencia hemos comprobado una y otra vez lo asombroso que es cuando, dentro de un marco de seguridad y confianza le das al oto espacio, tiempo, escucha, afecto y respeto....

Pero algo así no se puede producir desde algo standarizado, requiere que la persona sea tratada como individuo y no como grupo, aunque pueda protegerse en el grupo y contar con la habilidad de educadores y profesionales están atentos a cuanto pasa.

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