¿Qué significa habitar una escuela? En la séptima edición de nuestro Laboratorio Estival Docente (LED), la comunidad Musaraña exploró esta pregunta junto a MICOS Pez Arquitectos.

Este año, durante la semana del 29 de junio al 3 de julio, hemos celebrado la séptima edición de LED -nuestro Laboratorio Estival Docente que nació en el año 2017 con la voluntad de repensar junto a los docentes de la comunidad Musaraña los espacios del museo-. Las propuestas surgidas para LED han sido respuesta a inquietudes y procesos surgidos durante el curso dentro de la comunidad Musaraña o punto de partida para procesos posteriores. Un espacio compartido que es punto de inflexión en el trabajo junto con el profesorado.

Este curso, compartíamos la semana LED 2026 con Patricia Leal y Juan Utiel, de MICOS Pez Arquitectos. Su amplia experiencia en la transformación de entornos escolares les hacía los socios perfectos para profundizar en la idea de habitar, concepto que ha articulado durante dos años las acciones de Musaraña.  

Durante la semana de LED hemos trasladado el concepto de habitar a lo arquitectónico, concretamente al diseño de espacios escolares. Cuando iniciamos el laboratorio pensamos que se iba a hablar sobre todo de arquitectura, diseño o arte. Sin embargo, el proceso nos ha llevado más allá. Nos ha hecho pensar en qué es habitar un espacio, qué nos impide habitarlo y qué lo posibilita. Hemos soñado arquitecturas para la escuela, pero, en realidad, hablábamos de algo más.  

Sentir (experimentar sensaciones producidas por causas externas o internas). En más ocasiones de las que nos gustaría admitir, el espacio condiciona nuestro sentir y limita el hacer, incluso el deseo. ¿Qué espacios te hacen sentir bien/mal en tu centro educativo? Con esta sencilla, pero poderosa pregunta, iniciamos el proceso de trabajo, un diagnóstico centrado en el sentir del profesorado. Así, pensamos el espacio desde el cuerpo, de dentro afuera y poniendo a la persona en el centro.  

Cuando el sentir estaba activado, comenzamos a soñar, a desear a lo grande. Entendimos el museo como una gran matrioshka con muchos espacios pintados, conceptualizados, insinuados o soñados. Espacios que niegan el espacio, lo trasgreden o lo recrean. Soñamos con una escuela inspirada en los colores de Sonia Delaunay, las formas de Van Doesburg y la magia de Paul Klee. Soñamos entre todos, sumamos sueños y un espacio compartido comenzó a aparecer: abierto, múltiple, flotante y acogedor. Comenzamos a habitar un espacio sin materia, sin paredes, ni aulas, ni patios, pero con ideas y deseos comunes.  

A partir de este momento transformar significó pensar un espacio en el que estar presente, donde existir y poner en relación realidades distintas. Un espacio de posibilidad que abrazaba la diversidad como motor para imaginar algo que no existía en la mente de nadie, pero que estaba en el sueño de todos. Entendimos que la participación es la única forma de garantizar el cuidado de lo común y que habitar es formar parte de algo que va más allá de uno mismo, construyendo con el entorno y respetando lo vivo, lo humano y lo no humano.  

Celebrar (mostrar o sentir alegría o agrado por algo). Al final de la semana el espacio del taller EducaThyssen, en el que comenzamos a trabajar, se había transformado. La obra de Piet Mondrian, Composición de colores / Composición I con rojo y azul, de 1931, que nos había servido de plano imaginario para diseñar un espacio escolar utópico, se había convertido en maqueta gigante. La rigidez de la geometría de Mondrian se convirtió en una retícula capaz de contener todos nuestros sueños: huertos, jardines, espacios de juego con agua, aulas y comedores al aire libre, aseos con fuentes… 

Juntas y juntos celebramos la posibilidad de imaginar otras arquitecturas para los centros escolares y tuvimos la certeza de que era posible.

Dirigido a:
Profesorado
Fecha de publicación:
25 de Agosto de 2026
Imagen
Eva García
Información sobre el autor:

Educadora

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