¿Cómo influyen los espacios que habitamos en la forma de aprender, convivir y sentirnos en la escuela? En el último encuentro de la comunidad docente Musaraña exploramos el papel del espacio educativo como un bien común que podemos pensar, cuidar y transformar colectivamente

A lo largo de este curso 2025-26 el concepto de habitar ha atravesado las actividades de Musaraña. Este último LED (Laboratorio Estival Docente) ha estado dedicado a la reflexión sobre los espacios en la escuela, porque el espacio es un elemento clave que condiciona todo lo que ocurre en él: la luz, la acústica, los colores, el mobiliario y su disposición, la inclusión de vegetación o su ausencia, pero también cómo y dónde se coloca la información –y es que a veces, el ruido visual satura la atención y los mensajes no llegan, sólo una sensación de caos y descuido–.

El cuidado de los espacios en el centro educativo, quizá no tanto en el caso de nuestras aulas, es algo que generalmente delegamos, no lo tomamos como una responsabilidad propia. El personal de limpieza cuida de mantenerlo diariamente; el equipo directivo decide cuándo hay que afrontar una reforma (en muchos de nuestros centros ventanas y baños, por ejemplo, son casi una urgencia). Pero esto va mucho más allá. El espacio es un bien común, todos lo habitamos. Habitar tiene, creo, un importante matiz colectivo que a menudo pasa inadvertido. El espacio es algo que nos atañe a todos, algunas cuestiones deberían ser consensuadas y no siempre es así. Los procesos participativos son fundamentales; la reflexión en torno a nuestras necesidades y deseos —hay sueños imposibles (o casi), pero otros son alcanzables con un poco de creatividad e inteligencia colectiva—. Un centro educativo es una gran comunidad: docentes, alumnado y familias y todas las partes deben sentirlo así.

Hace poco escuché expresar alto y claro algo que me preocupa desde hace tiempo: en la escuela no hay tiempo para pensar (una afirmación así necesitaría muchos matices, pero quizá así os animéis a ver el vídeo completo). Fue un encuentro sobre educación: El malestar docente a debate, con Elena Ferro, Rodrigo J. Garcia y Juan Manuel Escudero, en un espacio de reflexión: Pedagogía de contrabando, que surge desde el Colectivo DIME+. Ciertamente, la creciente y estéril burocracia, el ritmo frenético, la resolución de lo urgente, no dejan tiempo para lo que realmente importa: parar, observar, sentir, reflexionar, tomar decisiones... juntos. Qué problemas tenemos, cómo podemos solucionarlos; muchas cosas no están en nuestras manos, pero otras sí. No es fácil salir de la rueda de hamster, pero es urgente encontrar la manera de conseguir esos valiosos momentos para compartir nuestras inquietudes, sumar fuerzas y humanizar nuestra labor. La educación necesita cambios, cambios profundos fruto de la reflexión y el consenso. La educación necesita también docentes motivados, con energía (no exhaustos), porque para cuidar al alumnado, necesitamos estar bien nosotros.

Quería compartir una experiencia que coordiné hace unos años en el IES Pablo Picasso de Pinto, porque fue, precisamente, un proyecto de transformación de espacios educativos apoyado por Red Planea. Tuvimos la suerte de contar con Siro López, Basurama, Estudio Nabe o Patricia Leal de Pez Arquitectos —que este verano nos ha acompañado en el LED junto a Juan Utiel—. Fue una experiencia real, imperfecta, pero precisamente por ello, creo que puede resultar interesante, porque recoge una aventura que merece la pena emprender y porque conocer el camino recorrido por otros siempre puede resultar inspirador.

Dirigido a:
Profesorado
Fecha de publicación:
9 de Julio de 2026
Imagen
Olga Sánchez Portero
Información sobre el autor:

Profesora de Secundaria y Bachillerato

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