¡Note pierdas la última pregunta! y relación de obras dentro de la acción Tránsitos y miradas en Línea, en la que respondemos a cuestiones que tienen que ver con la migración con dos obras, una de nuestra Colección Permanente y otra del Museo de Arte Miguel Urrutia. También queremos que participeis... ¿Cómo? 

Pisarro,Camille_Mañana brumosa MAMU

Camille Pissarro, El Louvre, mañana brumosa. 1901. Colección MAMU (detalle) 

 

El Louvre,  mañana brumosa  (Le Louvre, matin brumeux)  es una pintura realizada en 1901 por Camille Pissarro, nacido en Santo Tomás (Islas Vírgenes) en 1830. Aunque su familia se oponía a que fuera pintor, durante su juventud viajó a París, Caracas y Londres para estudiar. A su regreso a Francia se unió a Manet, Monet, Renoir, Sisley y Guillaumin y decidieron formar un grupo que dio origen al impresionismo, corriente pictórica que se desarrolló mayormente en Francia desde la segunda mitad del siglo XIX. Más adelante, a causa de la guerra franco-prusiana, el artista se vio obligado a cambiar de residencia varias veces.

Estas experiencias de viajes quedaron plasmadas en sus paisajes y contribuyeron a la consolidación de su estilo que buscaba plasmar el movimiento y la luz a través de  las pinceladas y los colores que representaban el clima y el movimiento dependiendo de las estaciones del año. Al final de su vida sufrió una enfermedad ocular que lo obligó a abandonar la pintura al aire libre y centrarse en escenas urbanas que pintaba desde su ventana. Primero se instaló en Ruán y luego en París, donde pintó excelentes vistas del río Sena, como esta obra, en la que, a pesar de la falta de claridad, se alcanza a ver el Museo del Louvre al fondo.

Las cualidades sombrías y brumosas resultan adecuadas para evocar la sensación de dejar lo familiar atrás y llegar a un lugar desconocido, intentando entenderlo a pesar de que sus habitantes, ritmos, colores y formas sean ajenos.

Mañana de Pascua. Caspar David Friedrich

Caspar David Friedrich, Mañana de Pascua. c. 1828-1835. Colección Museo Nacional Thyssen-Bornemisza (detalle)

 

Caspar David Friedrich, es el máximo representante alemán del romanticismo (movimiento artístico relacionado con la literatura y la música, surgido a principios del siglo XIX), gracias a que logra transmitir gran cantidad de emociones profundas y sentidas, a través del uso simbólico de la naturaleza. La luz, el del color, la composición, la escena en general, nos transmiten un mensaje alegórico, que busca relacionarse con nuestro mundo interior.

En Mañana de Pascua, un camino serpenteante se adentra en el cuadro, hasta unirse a lo lejos con las montañas. Este camino lo van recorriendo algunas personas en pequeños grupos, hacia dentro del cuadro, invitando también al espectador a sumarse a este camino. Casi en primer plano, las últimas en iniciar el recorrido son tres mujeres que pasan cercanas a unos árboles que enmarcan su paso.  

Todo es muy gris y un poco oscuro, sin embargo en lo alto, destaca posiblemente a la luna, aunque extraña lo alto de su posición. La bruma del amanecer acompaña esta ruta en donde prima el silencio. Sin embargo habría que detenerse en los detalles de los árboles, ya que en las puntas de sus ramas observamos los brotes de sus yemas, una nueva estación se acerca, la primavera está a punto de florecer. 

El amanecer y la insinuación de la primavera no son casualidades, en su paisaje, Friedrich reúne los elementos que celebran un despertar, que brindan la esperanza de un nuevo comienzo. 

¡Las obras juntas!

¿Qué esperas encontrar? Sea por la razón que sea, la migración nos abre una ventana a la aventura, a las emociones de lo nuevo, que pueden ir desde el entusiasmo hasta la incertidumbre.  

Esos son los mensajes que descubrimos en las imágenes de Pissarro y Friedrich, artistas que usan la bruma y los cambios en las estaciones para ponernos en la situación de lo desconocido, pero también, ambos nos ubican en la esperanza de que ese nuevo comienzo traerá algo bueno.

Pissarro nos sugiere un punto de vista elevado, que permite observar los detalles de la ciudad que se mueve entre la niebla y, poco a poco, recorrerla y apropiarse de ella. Por su parte, Friedrich nos ofrece el silencio para conectarnos con esas sensaciones interiores y compartirlas con el entorno. Para ambos,  el paisaje y sus íntimas transformaciones, son la manera de invitarnos a celebrar la aventura del cambio. 

¡Participa!

A partir de la relación entre estas dos obras, te preguntamos ¿Qué esperas encontrar? Compártenos tus respuestas, o propón otra obra con la que tu relaciones esta pregunta, en el espacio de comentarios de este mismo post 👇¡Gracias por participar!

Fecha de publicación:
16 de Abril de 2020
Imagen
Luz Helena Carvajal Bautista
Información sobre el autor:

Educadora Museo Nacional Thyssen-Bornemisza

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