¿Por qué los museos como comunidad? Quizá el museo sea una de los lugares más interesantes, no por sus bienes muebles e inmuebles que lo dotan de existencia, sino por todo el mundo de conceptos y realidades que se mueven en torno a él y en él.

Uno de los valores principales del museo es el de estar dotado de un aura de prestigio, vinculado al propio concepto de cultura, a la idea de arte considerado tesoro público de responsabilidad común. Eso lo convierte en un foro natural por el que pasan un gran número de comunidades o públicos, un lugar que posee la doble concepción de ocio y aprendizaje y que en las últimas décadas se ha convertido en un recurso educativo de primer orden para la escuela, la universidad y las familias.
 
Es evidente su función como lugar de encuentro y como lugar de contemplación de artefactos visuales. Por tanto, generadores y custodios de formas de ver y de pensar. Un museo, como el Thyssen, con una amplia colección dedicada a las vanguardias se convierte además en un lugar que plasma la lucha por la conciencia de la mirada múltiple, del pensamiento diverso de la construcción de ideas. Si entendemos que lo que contemplamos nos pertenece, que somos un espejo que reconstruye un significado desde sus propias ideas, que leemos las imágenes externas desde nuestras propias imágenes internas, se hace fácil sumar todos esos elementos, y entender cómo el museo se puede convertir en un instrumento rehabilitador de primer orden para los profesionales sociosanitarios y los usuarios de esos servicios y recursos.
 
Rompiendo, con la asistencia al museo y la libertad a la hora de generar la lectura de esas imágenes, un ámbito clínico que en muchos casos no hace sino reforzar continuamente esa idea de calle sin conexión.

¿Cómo reforzar esas posibilidades? Hay espacios que por su naturaleza de foros de encuentro tienen el poder de dar visibilidad, y, siendo los museos, lugares de visita deseada desde múltiples colectivos, la manera natural de revertir la visión negativa es la de convertir a quienes tradicionalmente han sido considerado receptores y demandantes de las acciones y servicios comunitarios, en generadores de esos servicios para el resto de la comunidad. Si eso va vinculado a un lugar con el aura de prestigio del museo, se comprende el carácter bidireccional de este como constructor de conceptos e ideas que contrapesan la visión excluyente. Así, las comunidades implicadas pueden entender que la educación no es sólo escolar, sino que también es social, y que la comunidad tiene un papel de prioritario en la recuperación de su red y de su propia imagen identitaria, que es, al fin y al cabo, una de las funciones capitales del museo.

Fecha de publicación:
2 de Agosto de 2017
Imagen
Alberto Gamoneda

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