Una declaración de intenciones
El clavel es una de las flores más frecuentes en las obras de arte del Museo Thyssen. Buena parte de esta presencia se la debemos a los pintores del norte de Europa, que incluían esta flor blanca, rosada o roja en las manos de los enamorados y de los recién casados, ya que el clavel era muy habitual en pinturas de esponsales de los siglos XV y XVI, puesto que simbolizaba el amor y el desposorio con el ser querido. De hecho, es muy habitual que cada miembro de la pareja de retratados luzca un clavel en la mano. Así, como un emblema de sus sentimientos más profundos, mujeres y hombres de otra época nos dejaron el testimonio de su amor a través de los pétalos de esta flor tan cultivada desde hace siglos en los jardines y en las macetas de toda Europa.
Sus colores guardan también un significado, ya que los claveles blancos representan la pureza del amor, mientras que los rojos simbolizan la pasión y el amor más ardiente, toda una declaración de intenciones. Si el clavel es rosado indica que la persona está recién casada, como en el caso del autorretrato de Joos van Cleve. A toda esta belleza de los distintos tonos de esta flor hay que añadirle su dulce aroma, muy apreciado y sutil.


















































