Gran interior. Paddington. Lucian Freud
Hortus conclusus

Un tipo de jardín muy representado en la historia del arte, además del jardín del Edén o el Paraíso, es el hortus conclusus, un jardín cerrado. Se trata de un espacio ajardinado y cercado, una alegoría de la virginidad de María. En ellos es frecuente encontrar plantas típicas de los jardines medievales, así como ciertas estructuras: pérgolas, celosías o bancos encespedados.

Sauces

En La Virgen y el Niño en el Hortus Conclusus el artista ha incluido una valla de mimbre entrelazado, uno de los usos a los que se destinaban las flexibles ramas de los sauces (Salix spp.). Estos árboles recibían una poda severa —llamada desmochado—, para activar en ellos la producción de estas ramas largas y delgadas. Posteriormente, estas ramas se entrelazaban con la ayuda de piquetas previamente clavadas en la tierra, para dar esta forma tan estética a la valla. A veces se empleaban piquetas de una madera más resistente que la del sauce —que es muy blanda y fácilmente putrescible—, y quizás por eso en la obras las piquetas y las varas de mimbre tienen colores distintos.

Anónimo alemán activo en Westfalia, La Virgen y el Niño en el Hortus Conclusus (ala izquierda) (detalle), hacia 1410
Entrelazado de varas de sauce
Entrelazado de varas de sauce de varas de mimbre en los años 50 en Países Bajos
Sauces desmochados para aprovechar sus ramas flexibles
Banco encespedado
Köhler, F.E., Köhler’s Medizinal Pflanzen, 1883-1914

Otra de las estructuras muy comunes en los jardines medievales era el banco encespedado, un lugar perfecto en el que sentarse. Para ello se construían unos muretes con ladrillo o con piedra, que posteriormente se rellenaban de tierra hasta su parte superior. A veces también se erigían solo con tierra apisonada. Encima del banco se sembraban gramíneas junto a otras hierbas para cubrir así la zona de asiento con un tapiz muy cómodo y mullido. El refinamiento de estos bancos llegaba hasta el extremo de plantar en ellos especies aromáticas intercaladas, como la manzanilla (Chamaemelum nobile), para percibir su aroma al reposar en ellos.

Fresas, violetas...

En el Thyssen hay varios de estos bancos en distintas obras de arte, como las creadas por el seguidor de Dirck Bouts o por el Maestro de Frankfurt. Precisamente, quizás el más lujoso de todos ellos sea el pintado por este último, tallado en piedra y decorado con una cenefa de pequeños arcos. En la parte superior se aprecian distintas plantas como fresas (Fragaria vesca) o violetas (Viola odorata). En la otra obra mencionada, los muretes parecen de ladrillo, y en la parte del asiento se distinguen algunas herbáceas, como una violeta en el lado izquierdo.

Manzano

De manufactura más sencilla, por el material con que está construido, es el banco del Descanso en la huida a Egipto, de un pintor anónimo flamenco. En esta ocasión el asiento está forrado de listones de madera verticales; lo excepcional es que se trata de un banco encespedado en el que se ha plantado un manzano (Malus domestica). De manera análoga, en otra obra del museo, La Anunciación de Jan de Beer, vemos a Zacarías pacientemente sentado en otro banco encespedado con su correspondiente árbol. El revestimiento está hecho de ramitas de mimbre, en un cuidado por el detalle propio de estos artistas del norte.

Todos estos bancos nos recuerdan la importancia de sentarse y de reposar, de admirar detenidamente, sin que el reloj influya. Sin la contemplación del jardín, y de la vida, el aprendizaje no es posible, porque la prisa no es buena consejera para adquirir conocimiento.

Jan de Beer, La Anunciación (detalle), hacia 1520
El huerto
Retrato femenino de donante. Jan Provost

Margaritas

En este repaso por algunos de los jardines en las obras del Thyssen no podía faltar Jan Provost. Este pintor flamenco renacentista prestaba mucha atención a los detalles más jardineros, y así ocurre también en esta obra, donde se aprecian las delicadas ataduras que tiene la planta leñosa para unirla al tutor que la mantiene recta. También se ven los bancales elevados del huerto, construidos con tablas claveteadas entre sí. Esta forma de cultivar se puede observar actualmente en las huertas escolares y populares de toda España. 

Las margaritas (Bellis perennis) forman un ribete que bordea cada uno de los bancales, como si la persona que los cuida las hubiera dejado a propósito, escardando con cuidado el resto de la tierra, pero respetando esta preciosa especie tan querida. Provost ha elegido retratarlas con los característicos tonos rosados que adornan sus pétalos. La fama y cariño que se les tiene a las margaritas viene de muy antiguo, pues se trata de planta con muchas y buenas cualidades: es medicinal, resistente, con una temporada de floración larga y de una belleza ornamental. El cristianismo la adoptó como atributo de la Virgen María y símbolo de la Resurrección, debido a que el periodo álgido de floración tiene lugar alrededor de la Pascua. En los huertos, la margarita es una planta que atrae a multitud de insectos beneficiosos, que se encargarán de polinizar todas las plantas cultivadas, así como de luchar en contra de las plagas del jardín.

Jan Provost, Retrato femenino de donante (detalle), hacia 1505
Jan Provost, Retrato femenino de donante (detalle), hacia 1505
Margarita o chirivita (Bellis perennis)
El jardinero
La tierra. Nicolas Lancret

Malvarrosas

Quienes cuidan de un jardín, aunque sean solo unas pocas macetas, saben bien que es un trabajo paciente y constante. Uno no se puede olvidar ni un solo día de que allí fuera, en el alféizar o en el balcón, hay unos seres vivos que quizás nos necesiten en uno u otro momento. Uno de los trabajos imprescindibles de un jardinero es estar pendiente del riego. Habrá plantas que requieran muy poca agua y otras que serán más demandantes. En este precioso cuadro de Nicolas Lancret uno de los jardineros está regando unas malvarrosas (Alcea rosea) con una gran regadera metálica. Sin agua no puede haber vida en el jardín, y el jardinero se convierte por tanto en el demiurgo que hace llover en los tiempos secos. 

A la espalda del aguador hay una escena bondadosa. Un hombre vestido de rojo se esmera en sacar una planta con su pala jardinera. Se trata de la misma especie que la que está recibiendo el agua benefactora: una malvarrosa. Así, la imagen se convierte en un ejemplo de lo importante que es nacer en el sitio apropiado. Esta malvarrosa germinó fuera del arriate donde crecen sus hermanas, y no ha podido hacerse tan grande como ellas, ni tampoco florecer. Pero, afortunadamente para ella, este jardinero la está trasplantando con dulzura, muy probablemente para que crezca en el lugar deseado.

Nicolas Lancret, La tierra
Malvarrosas (Alcea rosea)
Floristeras
El Nieuwezijds Voorburgwal con el mercado de flores de Amsterdam. Gerrit Adriaensz. Berckheyde

Mercado de flores

En esta obra, en la que, en apariencia, todo es arquitectura, encontramos una de las escenas más jardineras de todo el museo. Para empezar, podemos ver alineaciones de árboles bastante jóvenes en cada una de las orillas del canal. Da la impresión de que no llevan plantados muchos años, a excepción de uno más grande, en primer término. Por debajo de las copas de estos árboles, en el lado izquierdo, se desarrolla un pequeño mercado con plantas, con gran abundancia de flores en la mayoría de los puestos, preludio quizás de una avanzada primavera. El grado de detalle de la obra no es suficiente como para identificar las especies que están a la venta, aunque podría aventurarse que algunas de ellas son rosales, una de las especies más populares en jardines. Dos de estos probables rosales muestran sus ramas coronadas con flores blancas y rojas, respectivamente, lo que concuerda con su floración, que tiene lugar en el extremo de las nuevas ramas que crecen cada año.

Gerrit Adriaensz. Berckheyde, El Nieuwezijds Voorburgwal con el mercado de flores de Amsterdam (detalle), 1686
Gerrit Adriaensz. Berckheyde, El Nieuwezijds Voorburgwal con el mercado de flores de Amsterdam (detalle), 1686
El jardín naturalista
Mujer con sombrilla en un jardín. Pierre-Auguste Renoir

Malvas

Hay un tipo de jardinería que gana cada día más adeptos. Es una jardinería del libre albedrío, aparentemente, donde se deja que la naturaleza complete y perfeccione el trabajo del jardinero. En este tipo de jardines naturalistas, la sucesión de floraciones es bienvenida, al igual que la mezcla entre las plantas. Y esto es justo lo que parece que tenemos delante en el óleo de Renoir, donde los colores se conjuntan en una rica algarabía. En esta corriente de jardinería se escucha a la naturaleza, y si aparecen unas malvas (Malva sylvestris) al pie de unos arbustos, se las dejará florecer y con ello complementar la creación humana. Algunas de las pinceladas azuladas y moradas recuerdan al lirio (Iris x germanica), así como a sus hojas acintadas; esta es una de las especies más cultivadas por la alegría de sus flores.

Pierre-Auguste Renoir, Mujer con sombrilla en un jardín (detalle), 1875
Lirio (Iris x germanica)

Jardín

Escuela para artistas

Eduardo Barba Gómez
Investigador botánico en obras de arte y jardinero

En colaboración con el Área de de Educación del Museo Nacional Thyssen-Bornemisza

Diálogos botánicos