Vitis
La muerte de Jacinto. Giambattista Tiepolo
Giambattista Tiepolo, La muerte de Jacinto (detalle), hacia 1752-1753
La Sagrada Familia con ángeles y santos. Joachim Antonisz. Wtewael
Joachim Antonisz. Wtewael, La Sagrada Familia con ángeles y santos (detalle), hacia 1606 - 1610
La Virgen y el Niño con un racimo de uvas. Lucas el Viejo Cranach
Lucas Cranach el Viejo, La Virgen y el Niño con un racimo de uvas (detalle), hacia 1509 - 1510

La importancia del relato

De entre todas las plantas, la parra o vid (Vitis vinifera) es imprescindible, tanto en el relato artístico como en el relato del propio ser humano, y se podría decir que esta planta es un fiel testimonio de nuestra historia. Este fruto se consagró desde antiguo a los dioses Dioniso y Baco. De ellos se decía que habían originado el vino, aunque ya se conocía anteriormente en el Antiguo Egipto, donde realizaban libaciones con él. En las representaciones artísticas es usual asociar el vino con la sangre vertida por Cristo, por lo que la inclusión de una parra o de su fruto en un cuadro ostenta tan potente carga simbólica. 

En el Museo Thyssen encontramos los racimos de una parra en la parte superior de la obra de Giambattista Tiepolo, La muerte de Jacinto, seguramente en alusión a la sangre derramada. También hay lugar para apreciar la diferencia de color que pueden tener las uvas, como en el cuadro La Sagrada Familia con ángeles y santos, de Joachim Antonisz. Wtewael. En la canasta que porta una de las figuras, el artista ha pintado dos cultivares distintos de uvas: una más blanca y otra más tinta. Por último, en la pieza de Lucas Cranach el Viejo, La Virgen y el Niño con un racimo de uvas, se observa cómo en el racimo faltan tres uvas, quizás en una relación directa con los tres clavos con los que Cristo fue crucificado.

Fruto prohibido
Adán y Eva. Hans Baldung grien
Adán y Eva. Jan  Gossaert

Árbol del conocimiento

Si hay un fruto que origina preguntas y especulaciones desde hace siglos es el del árbol del conocimiento del bien y del mal que crecía en el jardín del Edén. Comer su fruto fue motivo para la expulsión de Adán y Eva de ese paraíso bíblico. El motivo de la controversia tiene que ver con que el Antiguo Testamento no cita a qué especie pertenecía esa planta vetada, por lo que a lo largo de la historia se ha asociado a diferentes especies árboles. La traducción al latín de la Biblia es la culpable de que al manzano (Malus domestica) se le haya colgado el sambenito de ser árbol del fruto prohibido, puesto que las palabras mal y manzano se escriben igual en latín: malum. Esta tradición hizo que los artistas incluyeran frecuentemente una manzana en manos de Eva o Adán en sus representaciones del tema. 

Una de las parejas de Adán y Eva con una botánica más sugerente está en el Thyssen, y fue creada por Jan Gossaert (llamado Mabuse). Los protagonistas están situados en un auténtico vergel, con frutales de distintas especies. La serpiente les ofrece lo que parece una manzana, puesto que su cuerpo está enredado en la rama de ese árbol. Justo por detrás del tronco del manzano, aparece otro tronco de color plateado, del que surge una rama con pequeños frutos: un olivo (Olea europaea). Según la tradición, esta planta pudo haber sido el árbol de la vida del paraíso bíblico.

Jan Gossaert, llamado Mabuse, Adán y Eva (detalle), hacia 1507-1508
Olivo (Olea europaea)
Jan Gossaert, llamado Mabuse, Adán y Eva (detalle), hacia 1507-1508
Peral (Pyrus communis)
Jan Gossaert, llamado Mabuse, Adán y Eva (detalle), hacia 1507-1508
Naranjo amargo (Citrus x aurantium)

Peral y naranjo

Asimismo, también encontramos un peral (Pyrus communis) y un naranjo amargo (Citrus x aurantium), dos plantas a las que también la tradición cristiana les achacaba ser otros posibles árboles del conocimiento del bien y del mal. 

Mabuse ha añadido en su paraíso una planta nada usual: el grosellero rojo (Ribes rubrum). Al igual que hiciera Jan van Eyck en el Políptico de Gante, varios ejemplares de esta especie crecen a sus anchas, justo a la espalda de Adán. Sus frutos rojos podrían simbolizar en esta obra las gotas de sangre que Cristo vertió en la cruz para redimir este pecado original cometido por Eva y Adán.

Jan Gossaert, llamado Mabuse, Adán y Eva (detalle), hacia 1507-1508
Grosellero rojo (Ribes rubrum)
Cítricos
El mantel rosa. Georges Braque

Naranjas, limones...

Otras frutas adoradas por los artistas no se circunscriben a una sola especie, sino a una familia entera de plantas: los cítricos. Pertenecientes a la familia botánica de las rutáceas, los cítricos son una fantasía para la vista, el olfato, el gusto y el tacto. Todos estos sentidos clásicos se ven estimulados por su sola apariencia: naranjas, limones, limetas, limas, pomelos, papedas, mandarinos, cidros… Una lista interminable que, gracias a su cultivo milenario, se ve incrementado cada vez más con docenas de hibridaciones que dan como resultado nuevas y valiosas mezclas genéticas.

Citrus ‘Bizzarria’

Amantes de lo extraño e inusual, los pintores escogen los frutos más peculiares para adornar sus naturalezas muertas, como hace Willem van Aelst en su Bodegón con frutas. En un florero conviven varias ramas cargadas de frutos muy especiales, pues presentan unas deformaciones que les hacen ser muy atractivos. Se trata de un curioso cítrico, Citrus ‘Bizzarria’, una rareza que mezcla la morfología del limón y de la naranja.

Estampa de Johann Christoph Volkamer mostrando un Citrus ‘Bizzarria’, 1708
Citrus ‘Bizzarria’

A medio pelar

Los frutos de los cítricos fueron muy representados por los pintores flamencos, que con deleite los colocaban en sus bodegones. Además, en estos incluían objetos realizados con todo tipo de materiales que reflejaban su maestría a la hora de representar a la perfección cada una de las texturas, ya fuera vidrio, metal, porcelana, tela… Como rasgo distintivo, incorporaban los cítricos de una forma muy especial: a medio pelar. Así se podía comprobar la destreza de sus pinceles, que captaban la rugosidad de la piel del limón, el tono blanquecino y mate del albedo —justo debajo de la piel— o el brillo y turgencia de la pulpa.

Frutos

Las plantas nos alimentan

Eduardo Barba Gómez
Investigador botánico en obras de arte y jardinero

En colaboración con el Área de de Educación del Museo Nacional Thyssen-Bornemisza

Diálogos botánicos