Clavel
Retrato de una mujer. Anónimo ALEMÁN h. 1480
Autorretrato. Joos van  (Joos van der Beke) Cleve
Retrato de un hombre. Anónimo ALEMÁN h. 1480
Retrato de una dama con la Orden del Cisne. Anónimo ALEMÁN h 1490

Una declaración de intenciones

El clavel es una de las flores más frecuentes en las obras de arte del Museo Thyssen. Buena parte de esta presencia se la debemos a los pintores del norte de Europa, que incluían esta flor blanca, rosada o roja en las manos de los enamorados y de los recién casados, ya que el clavel era muy habitual en pinturas de esponsales de los siglos XV y XVI, puesto que simbolizaba el amor y el desposorio con el ser querido. De hecho, es muy habitual que cada miembro de la pareja de retratados luzca un clavel en la mano. Así, como un emblema de sus sentimientos más profundos, mujeres y hombres de otra época nos dejaron el testimonio de su amor a través de los pétalos de esta flor tan cultivada desde hace siglos en los jardines y en las macetas de toda Europa.

Sus colores guardan también un significado, ya que los claveles blancos representan la pureza del amor, mientras que los rojos simbolizan la pasión y el amor más ardiente, toda una declaración de intenciones. Si el clavel es rosado indica que la persona está recién casada, como en el caso del autorretrato de Joos van Cleve. A toda esta belleza de los distintos tonos de esta flor hay que añadirle su dulce aroma, muy apreciado y sutil.

Retrato de una mujer. Bartholomäus El Viejo Bruyn

Clavel y romero

En las salas del museo hay otro clavel pintado, esta vez por Bartholomäus Bruyn el Viejo, en manos de una mujer. Este clavel tiene una peculiaridad, y es que tiene una ramita de romero (Salvia rosmarinus) pinchada en su corola rojiza y rosada. El romero es un símbolo de fertilidad, y desde antiguo es también una planta muy ligada a rituales amorosos y de buena ventura en la nueva etapa matrimonial. Esta conexión quizás haya que buscarla en el culto a las diosas antiguas del amor, Afrodita y Venus, puesto que esta planta aromática se usaba en los rituales de estas divinidades.

La Virgen con el Niño y dos ángeles. Maestro DE LA LEYENDA DE SANTA ÚRSULA
El descanso en la huida a Egipto. Bernaert van Orley

Símbolo

El clavel es también símbolo del martirio de Cristo. Por ello aparece en escenas de la Sagrada Familia, tanto en manos de la Virgen como de Jesús, así como en otras figuras cercanas a ellos. Esta flor ejemplifica la aceptación de la muerte y del sacrificio que hará Jesucristo por la humanidad. En el museo podemos incluso encontrar la representación de una planta de clavel entera en El descanso en la huida a Egipto de Bernaert van Orley, donde se puede contemplar la anatomía de esta planta, con sus hojas estrechas.

Retrato de una mujer. Bartholomäus El Viejo Bruyn
Bartholomäus Bruyn el Viejo, Retrato de una mujer (detalle), hacia 1538-1539
Clavel (Dianthus caryophyllus)
Rama de romero (Salvia rosmarinus)
La Virgen con el Niño y dos ángeles. Maestro DE LA LEYENDA DE SANTA ÚRSULA
Maestro de la Leyenda de santa Úrsula, La Virgen con el Niño y dos ángeles (detalle), hacia 1480
El descanso en la huida a Egipto. Bernaert van Orley
Bernaert van Orley, El descanso en la huida a Egipto (detalle), hacia 1515
Clavel (Dianthus caryophyllus)
Lirio
La Virgen con el Niño entronizada. Rogier van der (Roger de la Pasture) Weyden
Rogier van der Weyden, La Virgen con el Niño entronizada (detalle), hacia 1433

Otra de las flores con una presencia destacada en el museo, y en toda la historia del arte, es el lirio. Es posible rastrear su presencia desde obras antiguas hasta prácticamente contemporáneas. La especie más habitual es Iris x germanica, el lirio azul de los jardines. Desde la Antigua Grecia guarda un sentido funerario, pues ya entonces se plantaban lirios en las tumbas, una costumbre que todavía se mantiene en Oriente Medio. De igual forma, el lirio azul es tanto un símbolo de la Virgen María como de la Encarnación de Cristo.

Tres especies

Una de las obras con más variedad de lirios de todo el museo es Joven caballero en un paisaje de Carpaccio. En su obra maestra, el artista incluyó hasta tres especies diferentes: el lirio azul (Iris x germanica), el lirio blanco (Iris florentina) y el lirio amarillo (Iris pseudacorus). Este último prácticamente no se aprecia, puesto que la pintura está deteriorada por el paso del tiempo y a causa de algunas restauraciones fallidas del pasado. Su color amarillo vivo no está presente, pero, gracias a una restauración digital, podemos imaginar cómo sería ver su intenso color en medio de la naturaleza pintada por Vittore Carpaccio.

Vittore Carpaccio, Joven caballero en un paisaje (detalle), hacia 1505
Vittore Carpaccio, Joven caballero en un paisaje (detalle), hacia 1505
Lirio amarillo (Iris pseudacorus)

Lirio blanco

Por último, el lirio blanco de Georgia O’Keeffe es el paradigma de lo que es un iris, puesto que muestra toda la exuberancia de esta flor de origen mediterráneo, de Italia y del sur de Francia. Sus tépalos blancos se ven adornados con la característica “barba” amarillenta, por lo que se puede clasificar dentro del grupo de los iris barbados. A este mismo grupo pertenece el lirio azul (Iris x germanica).

Lirio blanco (Iris 'Florentina')
Tulipán
El Niño Jesús con una corona de flores. Carlo Dolci
Carlo Dolci, El Niño Jesús con una corona de flores (detalle), 1663

Una flor de éxito

Otra de las flores habituales que habita en los museos de arte es el tulipán (Tulipa cv.). Aunque contamos con una especie autóctona en nuestro país, Tulipa sylvestris, la mayor parte de los tulipanes cultivados en jardinería tienen una genética más oriental. Desde la región de Anatolia se extendió su uso en los jardines, un hecho que muchos artistas también recogieron en sus obras. Cuando los tulipanes llegaron a los actuales Países Bajos, en el siglo XVI, encontraron un feliz acomodo en la tierra arenosa de esta zona y su cultivo se extendió como la pólvora. 

Parte de su éxito hay que buscarlo en la variedad de colores a que dan lugar las diferentes hibridaciones. Igualmente, algunos de los patrones de muchos tulipanes responden a la acción de un virus vegetal. Cuando el pulgón —un insecto chupador de la savia de las plantas— pica a un tulipán, puede transmitirle el virus del variegado del tulipán o virus de la ruptura del color del tulipán. Esta infección causa patrones tonales, como bandas paralelas de distintos colores, lo que incrementa el atractivo de la flor. Cuando un tulipán tiene este tipo de diseño se le denomina tulipán abigarrado.

Vaso chino con flores, conchas e insectos. Ambrosius Bosschaert i
Tulipán (Tulipa cv.)
Vaso chino con flores, conchas e insectos. Balthasar van der Ast
Tulipán (Tulipa cv.)
Azucena
Florero (reverso). Hans Memling
Hans Memling, Florero (reverso) (detalle), hacia 1485
La Anunciación. Gentile Bellini
Gentile Bellini, La Anunciación (detalle), hacia 1475
Azucena (Lilium candidum)

Simbología

La azucena (Lilium candidum) es una de las grandes protagonistas de mil y un cuadros. Esta flor tiene un nexo muy íntimo con la Virgen, por lo que está presente en numerosas escenas de la Anunciación. Su inclusión en este tipo de composiciones atestigua la virginidad y pureza de María.

Rosa
Retrato de una Infanta Catalina de Aragón (?). Juan de Flandes
Juan de Flandes, Retrato de una infanta. Catalina de Aragón (?) (detalle), hacia 1496
La Anunciación. Benedetto Bonfigli
Benedetto Bonfigli, La Anunciación (detalle), hacia 1455
La Virgen y el Niño con santa Rosa de Viterbo. Bartolomé Esteban Murillo
Bartolomé Esteban Murillo, La Virgen y el Niño con santa Rosa de Viterbo (detalle), hacia 1670
Rosa alba

La flor más representada

Desde muy antiguo, la rosa es probablemente la flor más representada a lo largo de toda historia del arte. En la Antigua Roma ya era venerada y formaba parte de los rituales funerarios; de hecho, es posible encontrar fácilmente mosaicos de aquella época con rosas rojas. Las razones para ser tan apreciada son muchas: su belleza delicada, su espectacular floración, la forma en la que sus pétalos se imbrican entre ellos, su perfume arrebatador. 

 

'La France'

En el siglo XIX se crearían las primeras rosas modernas, unas variedades reflorecientes, capaces de dar flores en varios momentos del año. Las rosas antiguas, sin embargo, solo florecían una vez, en primavera. Pero con la creación del cultivar ‘La France’, en 1867, se inauguró el gran grupo de los rosales híbridos de té al que pertenecen la gran mayoría de las rosas que vemos hoy en día en las floristerías. Tom Wesselman incluye algunas de estas rosas híbrido de té en sus obras, identificables por sus pétalos arracimados que giran en torno a un centro. Este artista estadounidense rinde tributo a la sensualidad en su obra con una flor que era uno de los atributos de la Venus romana.

Desnudo nº 1. Tom Wesselmann
Rosa ‘La France’
Girasol
Girasoles resplandecientes. Emil (Emil Hansen)  Nolde

Hibridaciones entre girasoles

A partir de su introducción en la flora europea desde el continente americano, el girasol (Helianthus annuus) es una de las flores favoritas de los artistas, que ya la incluían profusamente en sus bodegones barrocos allá por el siglo XVII. Es muy frecuente que en pintura aparezcan girasoles de distintos colores a los de la especie original. Así, en la obra Girasoles resplandecientes, de Emil Nolde, se ven al menos tres cultivares: uno amarillo oscuro, otro amarillo claro y un tercero de pétalos anaranjados. Las hibridaciones entre girasoles con distintos colores y las mutaciones que surgen en la naturaleza son en parte responsables de esta variabilidad. ¡Quizás en tu huerto pueda surgir un girasol diferente!

Girasol (Helianthus annuus)
Girasol (Helianthus annuus)
Girasol (Helianthus annuus)
Girasol (Helianthus annuus)
Girasol (Helianthus annuus)

Flores

Cuando en los cuadros brotan pétalos

Eduardo Barba Gómez
Investigador botánico en obras de arte y jardinero

En colaboración con el Área de de Educación del Museo Nacional Thyssen-Bornemisza

Diálogos botánicos