¿Se puede construir juntos sin apenas habernos reconocido? Una reflexión sobre la importancia de la presencialidad y el encuentro para construir procesos de colaboración reales.

MUSEDU + es un proyecto europeo que nace en 2025 con el objetivo de investigar y analizar buenas prácticas en el marco de la transición digital. Un espacio donde universidades, instituciones culturales y tecnología se entrelazan para imaginar un nuevo currículum que permita a los profesionales del mañana utilizar las tecnologías no como fines en sí mismos, sino como herramientas para generar experiencias de aprendizaje significativas y difundir el conocimiento de forma innovadora.

Sin embargo, durante prácticamente el primer año, nuestro trabajo estuvo determinado por los límites de la pantalla. Los meses previos al encuentro en Polonia fueron un proceso de construcción a distancia: afinamos calendarios, escribimos protocolos y definimos estructuras en encuentros digitales que, aunque necesarios, mantenían una imagen algo pixelada de quiénes éramos realmente detrás de cada institución. El mundo digital presenta muchas oportunidades, pero también impone sus barreras.

A menudo la complejidad de los proyectos europeos se asocia con grandes ambiciones que se materializan en una multitud de paquetes de trabajo y tareas, ligadas a un sin fin de procesos burocráticos. Sin embargo, en mi opinión, la verdadera dificultad reside en la mediación entre varios puntos de vista, intereses y expectativas que viajan desde distintos rincones de Europa. Es la base del prisma bello y tremendamente enriquecedor que contribuye al desarrollo de una sociedad plural y diversa.

Llegamos a Cracovia en 2026 con una estructura bien organizada, pero sin apenas capacidad de reconocernos. Había todavía una pregunta latente: ¿quiénes somos los que estamos aquí y hacia dónde podemos llegar juntos? El encuentro presencial se reveló entonces como una pieza indispensable de nuestro aprendizaje. Solo al vernos y reconocernos pudimos comprender la situación que habita cada equipo, sus enfoques y, sobre todo, esas dudas e incertidumbres que el espacio etéreo de la nube no siempre permite recoger.

Durante dos días intensos, las sesiones de trabajo se transformaron en un espacio de escucha y de diálogo. Hubo tiempo para contar y contarnos, percibiendo que cada proceso toma una forma y una intensidad distinta dependiendo de quién lo habite. Nos llevamos de las compañeras de Cracovia una experiencia rica en aprendizajes y la certeza de que, aunque la tecnología nos conecte, es el encuentro situado el que activa los vínculos y la verdadera co-creación.

¿Qué nuevos caminos seremos capaces de trazar ahora que reconocemos el sitio que habita cada uno?

Temas
Dirigido a:
Profesionales
Fecha de publicación:
15 de Julio de 2026
Imagen
Felicitas Sisinni Ganly

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