Plantas en el museo
Estas plantas no son decorativas. O por lo menos no vamos a entender que lo decorativo termina ahí. La decoración es relacional y puede ser una herramienta que conecta comunidades, tradiciones, culturas, ideas, recuerdos... un modo de relación con una alta carga de intensidad. Así que no, lo decorativo no nos parece superfluo, nos parece relevante. Aún recuerdo muy bien mi primera relación con las plantas. Fue en mi adolescencia. A uno de los dos, a mi madre o a mí, se nos ocurrió invertir nuestro tiempo en mejorar la terraza colectiva que teníamos en nuestra comunidad de vecinos. Es un espacio que siempre hemos llamado “la pasarela”. Cuelga como un balcón comunitario desde la fachada y para entrar en mi casa tenía que pasar primero por las puertas de todos los demás vecinos de mi piso, 6 en total. Al fondo estaba y está nuestra casa. Al ser la última podíamos disponer de ella sin bloquear el paso. En un lapso de tiempo muy corto mi madre y yo nos convertimos en unas jardineras dedicadas. Compramos muchas y muy diferentes especies de plantas, con y sin flor. Todo ese tiempo invertido juntos nos puso en relación de una manera intensa. Las plantas y el cuidado que dedicamos a ellas establecieron una relación sólida entre ellas y nosotros, entre mi madre y yo, y entre nuestros vecinos, que admiraban siempre que podían nuestra esquina de flores. Todo ello animaba las conversaciones y ponía en circulación intercambios de diferentes esquejes. Y así es como esas plantas, que solo decoraban, habían puesto en marcha todo un sistema de interrelaciones personales.



















