Y casi por necesidad, ahí están todas esas tecnologías de la comunicación y la información a las que hemos acudido en emergencia y regañadientes, pero que cuando se necesitan, han mostrado ser la herramienta eficaz...

En nuestro ámbito, o mejor dicho yo, no tenía mucha fe en las nuevas tecnologías o en las llamadas tecnologías de la comunicación y la información. El nuestro es un ámbito de la cercanía, de la proximidad y del trato tú a tú. Por fortuna, tenemos un trabajo en el que ver al otro, mirarnos a los ojos, apretarnos levemente el brazo; o sonreír y simplemente escuchar son los elementos tecnológicos más rabiosamente revolucionarios. Escuchar al que tienes enfrente y validarlo, animarlo a que siga expresándose, pensando juntos y debatiendo en conjunto. Un trabajo; lejos de los contenidos preparados, empaquetados y pre-cocinados en los que sólo puedes consumir pero no dialogar.

Es curioso que en un tema como la comida lo tengamos tan clara la noción de calidad pero en el tema de la cultura y el conocimiento seguimos estando colonizados por el miedo a ser ridiculizados;seguimos demandando que alguien nos de información y datos para poder hablar de lo que vemos, y está claro que se nos han educado para estar en esa estructura jerarquizada de triunfos y fracasos, de ilustrados e ignorantes, que hace del museo un lugar excluyente para muchos; y poco apetecible para tantos...

Pero de repente, en ese marco de generar contacto y confianza a través de lo presencial nos vemos inmersos en lo que nos parecía impensable. Lo microscópico hace tambalearse el sistema, la ficción de seguridad que varias generaciones han construido y la globalidad, la conectividad se vuelve una autopista que hace temblar y resquebrajarse la ficción de indestructibilidad del sistema. La paradoja es que el propio logro se convierte en el homogeneizador que nos amenaza a todos, primero convirtiéndonos en un mercado global y uniformándonos y ahora facilitando la rápida expansión de cualquier elemento de riesgo.

Esta nueva situación nos confina en nuestros hogares y detiene nuestra acción febril, como si nuestro cuerpo social y común nos obligara a detenernos y descansar. De repente se da una situación que para muchas de las personas con las que trabajamos es preocupante. Son esas personas con las que trabajamos en nuestra labor en red con entidades y recursos por crear espacios de comunidad donde puedan volver a sentirse incluidos, respetados, desarrollar sus potenciales y ejercer sus derechos de ciudadanía enriqueciéndonos con sus aportaciones, discursos y disidencias Esas personas que participaban en múltiples actividades y grupos que eran sus balones de oxigeno y su puente hacia una socialización normalizada y positiva y que ahora, con la situación en la que estamos se ven confinados en sus hogares. Algunos viviendo solos, otros en dependencia de sistémicas familiares asfixiantes y sin posibilidades de respiro para sus miembros, en situaciones de dependencia, de violencia de fragilidad económica, emocional o enfermedad.

Y casi por necesidad, ahí están todas esas tecnologías de la comunicación y la información a las que hemos acudido en emergencia y regañadientes, pero que cuando se necesitan, han mostrado ser la herramienta eficaz que son para poder estar solos, pero no aislados, confinados pero en conexión con los demás. Los teléfonos inteligentes las aplicaciones de mensajería por internet y las plataformas de videollamadas nos permiten seguir en contacto y usar el museo y sus contenidos pone un marco y es un encuadre que nos dota de un espacio y un motivo para dialogar. Ese espacio que se crea entre la gente que participa porque quiere, la gente que está presente y forma parte del grupo pero elige no intervenir y los que estamos para mediar, dinamizar y validar el diálogo por el chat o el vídeo. Uno podría pensar que la distancia virtual no propicia los espacios de encuentro, y es cierto que a veces el no poder estar físicamente con el otro hace que haya que tener un especial cuidado para evitar malentendidos e incomodar a alguna persona.Pero lo más sorprendente es ver como el que la persona pueda estar en su espacio personal se convierte en un elemento de seguridad que potencia el clima de confianza a poco que se vaya generando sobre todo en las videollamadas. En los grupos de mensajería lo que hemos descubierto es que lo que funciona es: ese espacio exterior que llega a mi lugar y me permite participar y socializar de una manera que no me fuerza a abandonar mi marco de seguridad. Esto ha supuesto para muchas personas que encontraban gran dificultad para salir de sus casas o que estaban instaladas en inercias anecdóticas y desmotivadas, que se puedan acercar a un contacto social sin ser violentadas e ir descubriendo espacios motivacionales que han despertando su deseo de participación e incorporación a dinámicas presenciales en el museo. Personas en las que las simple verbalización de todo esto, asombra a los profesionales que trabajan con ellos por las dificultades motivacionales y la resistencia constante a participar o salir que encuentran. 

También nos ha proporcionado la posibilidad de generar una red entre recursos y entidades. En alguno de los grupos participan una media de 65 personas, y de manera directa o indirecta están implicados 15 recursos diferentes gestionados por diferentes entidades que participan a través de la difusión de los recursos que se están creando en estos espacios comunes dedicados a cuidar y a cuidarnos., Por tanto, algo que está sucediendo es que esta situación nos obligado a abrirnos, compartir los recursos y participar de manera común de lo que creamos entre todos. En los grupos, es siempre sorprendente ver cómo dar espacio , respeto y escucha hace que las personas se abren y muestran potenciales escondidos, silenciados y postergados por la necesidad de supervivencia. Algo que siempre nos sorprende y nos admira es esa capacidad de supervivencia que tiene el ser humano y cómo a pesar del sufrimiento se preserva un deseo de vivir y disfrutar que a poco que se permita se extiende y regenera mucho de lo que la persona ha ocultado para poder seguir adelante.

En tiempos como estos, hemos hecho de la necesidad y del problema virtud y posibilidad casi sin saberlo,como aprendimos de nuestros mayores, y aún estamos fascinados por todo lo que nos está desvelando este programa construido sobre la emergencia del confinamiento y la necesidad de seguir en contacto para dar a las personas las herramientas en que la soledad sea una opción sabiendo sabiendo que aunque la puerta esté cerrada hay abierta una ventana por la que poderse comunicar y formar parte de la red.

Definitivamente tenemos que evaluar y reevaluar, porque puede que lo que hemos construido de manera provisional sea una serendipia que nos permita encontrar nuevos enfoques desde perspectivas de participación, horizontalidad, hospitalidad y cuidados que no habíamos visto instalados en en líneas de trabajo que funcionaban y daban resultados. y que no implican la abstracción y la despersonalización del otro, que nos permiten mantener el tú a tú y llegar donde antes no llegábamos. Porque como dice Josep María Esquirol "Todo dominio supone homogeneización y alienación de la diferencia. De ahí que, del mismo modo que hay que denunciar la abstracción desconectada, ante el dominio lo que conviene es no ceder. No ceder a lo que domina es resistir en la diferencia. Y, hoy, la diferencia está en la proximidad: en el “materialismo” de las cosas, en las manos que manipulan y tocan, en el aliento de las palabras que vibran ante el tú...".

Fecha de publicación:
29 de Abril de 2020
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Alberto Gamoneda

Comentarios

Alberto Gamoneda
Alberto Gamoneda

Gracias  Ana, siempre es un placer crear dinámicas desde la parte de salud de las personas y situaciones, como hemos aprendido de vosotras

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Ana Abad Fernández
Ana Abad Fernández

Que fantástica oportunidad de resignificar y seguir creando, buscando atajos y vías a la participación desde la no angustia.. Gracias!!! 

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