Itinerario IV

El siglo XX

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Introducción

Al enfrentarnos al arte más reciente suelen surgir muchas preguntas, porque son muchas las opciones y movimientos que se suceden a gran velocidad. Con frecuencia vemos en el arte del siglo XX una clara ruptura con las tradiciones del «oficio» de pintor o escultor. Muchos han optado por la experimentación y la expresión, en una búsqueda constante de nuevas vías de creación en libertad, llegando a predominar esta idea por encima de la «buena técnica» o la durabilidad de las obras. Los artistas han inventado y multiplicado sus técnicas para adecuarlas a sus propósitos estéticos, sacándoles partido de una manera novedosa. A veces la técnica, el modo de hacer, se hace evidente, nos «habla» mostrando el proceso de la obra; dejando visible la pincelada, la marca de un utensilio, incluso detalles que más parecen descuidos que otra cosa. Las técnicas se multiplican así de manera espectacular, y en muchos casos nos permiten definir a cada artista. En este Itinerario IV hubiéramos podido seleccionar muchas más obras, porque son muchas las técnicas, pero hemos incluido piezas muy significativas en las que la técnica es muy visible: hace participar a la propia textura del papel (la acuarela de Nolde) y deja las huellas de líneas borradas y rectificadas mil veces en el retrato de Giacometti. Los objetos pegados al cuadro de Schwitters crean una obra peculiar y representativa del collage y ensamblaje contemporáneos. La obra de Pollock es fluida, libre en la aplicación de la pintura chorreada sobre el cuadro en el suelo, como un mapa de los gestos y movimientos del pintor. En su óleo, Max Ernst juega con las manchas producidas por el azar, pero las controla desde la tradición pictórica. Robert Rauschenberg incorpora formas de reproducción mecánica creando una obra subjetiva, única, que muestra lo múltiple. Artistas como Mondrian y Van der Leck tratan de reducir la materialidad de la pintura a una entidad abstracta, casi inmaterial, aunque su técnica pictórica nos hace detenernos demasiado en su cuerpo físico. Por último, el cuadro de Lucio Fontana nos recuerda la presencia del oro en la pintura desde la Edad Media, símbolo universal de valor, de suntuosidad, como la propia ciudad de Venecia a la que alude, aunque sea una ciudad abierta, rasgada como una herida: todo un símbolo de la vida contemporánea.

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