1992 - 2012, 20 años
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Introducción
Francisco de Goya fue una figura excepcional en el desarrollo del arte occidental, por lo que incluir un cuadro de este artista era una obligación de historiador. Su obra ha ejercido una influencia notable en muchos artistas, no solo por los temas y la manera de tratarlos, sino por la libertad con que utilizó las técnicas artísticas del momento. El tío Paquete, pintado en 1820, es un retrato que presenta una factura y una ejecución originalísimas, al servicio de la expresividad.
Para explicar las técnicas pictóricas de los impresionistas hemos seleccionado una obra de uno de sus precursores, Eugène Boudin –un pionero en pintar al aire libre y uno de los invitados a participar en la primera exposición impresionista–, pintada al óleo sobre tabla, en una fecha, 1884, en la que el impresionismo ya se había abierto camino. Los restantes cuadros seleccionados de este movimiento artístico que tanto ha influido en el arte del siglo XX, son dos óleos sobre lienzo y un pastel sobre papel. En 1881, en plena madurez creadora, Claude Monet –considerado junto con su amigo Renoir los dos pintores más genuinamente impresionistas– debió pintar El deshielo en Vétheuil. Dieciséis años después, Camille Pissarro, uno de los impresionistas de mayor edad, realizó una vista de una de las calles de la remodelada ciudad de París. De Degas, que se aleja de los presupuestos estilísticos y de la técnica del impresionismo, nos ha parecido interesante incluir el pastel que conserva el museo, prácticamente como si acabara de ser hecho por el artista, ya que los colores no están fijados, lo que nos revela el método de trabajo de este creador.
La pintura postimpresionista –una denominación inapropiada, dada las grandes diferencias entre los artistas que se incluyen en ella– está representada por un paisaje de Vincent van Gogh y un retrato de Toulouse-Lautrec. El primero, una de las últimas pinturas del artista holandés, caracteriza muy bien su modo de emplear la materia y el color, aunque éste con el tiempo haya perdido parte de su viveza. El segundo, pintado sobre cartón es, además de una buena obra, un ejemplo extraordinario de pintura à l’essence.
La última obra de este itinerario es una de un grupo escultórico de Auguste Rodin en la que el artista –como hiciera en otras esculturas– creó un contraste entre las superficies pulidas de los desnudos y el bloque apenas desbastado del que surgen, con lo que se negaba la concepción tradicional de la estatua con pedestal, además de renovar el lenguaje escultórico del momento.