Libro de alumno IV

Autor: Luis Fernando Martín de los Santos Alonso

PRESENTACIÓN

Éste es el cuarto de los cuatro cuadernos de los itinerarios dedicados a la historia de la representación del espacio en las colecciones la pintura del Museo Thyssen-Bornemisza. Cada cuaderno recoge la foto imagen y el comentario de las seis obras escogidas, además de unos ejercicios y actividades para realizar en tu visita al Museo, en clase o en casa. También encontrarás aquí un glosario para facilitar la lectura de los términos más técnicos de los textos y una bibliografía recomendada.

El debate estético de las vanguardias artísticas del siglo XX ha estado marcado en gran parte por la dialéctica entre la figuración y la abstracción. Esto, lo que puso en cuestión y en constante revisión la idea de la representación espacial y de la definición de la obra de arte según las distintas tendencias artísticas. En cierto modo, los artistas aquí escogidos se caracterizan por mantener posturas originales y ajenas a los movimientos históricos con los que se les identifica. A Georgia O´Keeffe y a Richard Estes les une la temática de una ciudad emblemática como Nueva York, aunque les separa el momento histórico al que pertenecen. En Calle de Nueva York con luna hay una visión personal de la realidad, que desprende un sentimiento dual de la ciudad en su frenético desarrollo de los años veinte. En People´s Flowers, Estes hace un retrato de una esquina de Nueva York pintando el fluir cotidiano de los automóviles y la monumentalidad de sus edificios como si se tratara de una postal. Distanciados igualmente en el tiempo, como los autores ya mencionados, René Magritte y Domenico Gnoli cuestionan el espacio de representación de la pintura. El cuadro de Magritte, La clef des champs, desvela el juego paradójico de la representación visual. En él descubrimos que las cosas no son tal como parecen, desplazando la visión mimética de la realidad a las estancias del pensamiento. Sin embargo, Gnoli, con Sillón (Fautteuil n. 2) nos lleva al espacio de una habitación, para indicarnos precisamente que no hay nada más detrás del cuadro que el cuadro mismo y el espacio de representación que define su superficie. Terminamos este recorrido con dos cuadros las obras de Francis Bacon y Mark Rothko, en laos que muestran sus propias gramáticas visuales y expresivas. En el Retrato de George Dyer en un espejo, Bacon desfigura a su retratado y deja fluir la pintura hasta el desgarro, para llevar la interioridad de su personaje a la superficie del cuadro. Verde sobre violeta morado de Rothko lleva al el color a su máxima expresión. En este cuadro llama la atención la experiencia compleja que provoca con la escasez de medios utilizados.

Retratos de la ciudad de Nueva York

El giro de la representación surrealista

La pintura en relación con el teatro

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