Libro de alumno III

La representación de la luz en la pintura del Museo Thyssen-Bornemisza

Introducción

     La segunda mitad del siglo XIX fue la época en la que la luz adquirió un valor especial en algunas corrientes de la pintura occidental, dejando de ser una necesidad para la representación y convirtiéndose en la protagonista del cuadro. Los pintores impresionistas y los puntillistas fueron los que más se interesaron por plasmar la luz, sobre todo la natural, pero sin olvidar la artificial, ya fuese lograda mediante lámparas de gas o eléctricas. Las ciencias, especialmente la Física y la Química, también se preocuparon por conocer la naturaleza y el comportamiento de la luz con fines teóricos y prácticos. También, por supuesto, hubo pintores que siguieron empleando la luz por sus aspectos simbólicos y expresivos. Aunque en este itinerario nos centramos en la luz positivista y naturalista, hemos incluido un paisaje romántico de 1828 -por lo tanto anterior al periodo considerado- de Thomas Cole, pintor inglés afincado en los Estados Unidos de América, en el que la luz y una naturaleza imaginada son los recursos del artista para transmitir sentimientos religiosos. También fruto de la imaginación del pintor es el cuadro del francés Camille Corot, fechado en 1866, si bien creado a partir del paisaje real recordado por el artista, y también con la intención de despertar emociones en el espectador. Solo dos años más tarde, el impresionista Camille Pissarro pintó un paisaje invernal en un día claro, frío y luminoso, coloreando las sombras sin servirse del negro, ya sin ningún deseo simbólico o espiritual. Seis años después Berthe Morisot, discípula de Corot, hizo una pintura abocetada con la técnica impresionista, una figura en un interior en el que la luz refuerza el carácter intimista de la escena. Diez y doce años separan respectivamente ese cuadro de los del español Darío de Regoyos y del holandés Vincent Van Gogh, dos pinturas en las que ambos representaron un curso de agua, el primero un canal cercano a Haarlem en una fría noche invernal; el segundo un río sobre el que destacan varias figuras bajo la luz de un atardecer. El último cuadro seleccionado es una vista urbana de Londres en la que Claude Monet representó diez años más tarde parte del río Támesis, un puente y los edificios del Parlamento en un día de niebla, magnífico ejemplo del dominio de los colores primarios y complementarios de la técnica impresionista.

Prólogo

  • Cómo percibimos la luz y el color
  • Colores-luz y colores-pigmento
  • El círculo cromático
  • La atmósfera

Relación de obras

  • Thomas Cole: Expulsion. Luna y luz de fuego
  • Jean - Baptiste Camille Corot: La soledad. Recuerdo de Vigen, Limusín
  • Camille Pissarro: Camino de Versalles, Louveciennes, sol de invierno y nieve
  • Berthe Morisot: El espejo psiqué
  • Darío Regoyos: Paisaje nocturno nevado. Haarlem y Vincent van Gogh: Los descargadores en Arlés
  • Claude Monet: El puente de Charing Cross

Actividades

  • Atardeceres y nocturnos en el museo. 
  • Expulsión. Luna y luz de fuego
  • Berthe Morisot
  • Jean - Baptiste Camille Corot

Glosario

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Contenidos destacados

Imágenes

Thomas Cole Thomas Cole, Expulsión, Luna y luz de fuego, (c. 1828), óleo sobre lienzo, 91,4 x 122 cm Camille Pisarro Camille Pisarro, Camino de Versalles, Louveciennes, sol de invierno y nieve, c. 1870. Óleo sobre lienzo. 46 x 55,3 cm Claude Monet Claude Monet, El puente de Charing Cross, 1899. Óleo sobre lienzo. 64,8 x 80,6 cm