1992 - 2012, 20 años
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PRESENTACIÓN
Tienes en tus manos uno de los cuatro cuadernos del itinerario dedicado a la historia de las técnicas artísticas en el Museo Thyssen-Bornemisza. En éste, como en los restantes, encontrarás reproducidas y comentadas las obras elegidas, un glosario, una bibliografía recomendada y una serie de ejercicios y actividades. La lectura y, mejor aun, el estudio del contenido de los cuadernos, así como la realización de los ejercicios y actividades propuestos, te permitirá iniciarte –o profundizar, dependiendo del nivel en que te encuentres– en las técnicas artísticas, una de las facetas menos divulgadas de la creación artística, pero cuyo conocimiento es básico para educar nuestra mirada. Ahora bien, no olvides que ninguna reproducción, ni ninguna explicación, por muy buenas que sean, sustituirán a la contemplación directa de la obra de arte, por lo que debes visitar museos y exposiciones. Ya verás cómo, a medida que veas más obras artísticas, entenderás cada vez un poco más y, sobre todo, disfrutarás más.
Los autores
La más antigua de las obras de este cuaderno es un retrato pintado en 1820 por Francisco de Goya, uno de los adelantados en dar salida a la expresión de la personalidad del creador. Las restantes pinturas de este itinerario datan de las últimas décadas del siglo XIX, en plena Revolución industrial, y nos permitirán aprender los cambios propiciados por el impresionismo en la representación del espacio, la luz y el tiempo en la pintura, así como las novedades técnicas que conllevaron. Claude Monet, considerado uno de los padres del Impresionismo, pintó sesenta y un años después del retrato que hiciera Goya, un paisaje invernal en el que, aunque se mantienen algunas de las convenciones propias de ese género, las novedades son mayores. Un solo año separa los cuadros de Degas y Eugène Boudin, demostrativos los dos de nuevos modos de ver y de pintar. También con un año de diferencia hicieron sus obras Van Gogh y Toulouse-Lautrec; mientras que el holandés utilizó el óleo con una fuerza manifiesta, cargando mucho sus pinceles, el francés retrató a uno de sus amigos con un óleo muy diluido, y dejó sin cubrir partes del soporte. El último cuadro de este itinerario es el de Camille Pissarro, una vista de una calle de la ciudad de París después de las reformas urbanísticas del periodo de Napoleón III, que muestra la maestría del artista en el dominio de los colores mezclados y la pincelada corta y firme. El escultor Auguste Rodin dirigió, hacia 1905, el trabajo de labrar en mármol dos desnudos femeninos como una alegoría de la Aurora; surgen esbeltos del bloque apenas desbastado, lo que confiere un valor plástico al contraste de las superficies de los cuerpos y la materia de la que proceden; de este modo, entre otras aportaciones, rechaza la estatuaria tradicional.