1992 - 2012, 20 años
Milagros, historias sagradas, personajes divinos y retratos son las temáticas de este itinerario que arranca en el primer Renacimiento y finaliza en los primeros años del siglo XVI. Las concepciones metafísicas de la luz basadas en el misticismo medieval siguen vigentes en la obra de Benedetto di Buonfiglio, el primer artista del recorrido. En La Anunciación la Gracia divina se materializa a través del oro, metal mágico y eternamente brillante que ilumina a los personajes sagrados y al cielo celestial. El Maestro de la Virgo inter Virgines convierte la luz pintada en el elemento narrativo que guía la lectura de los episodios de la pasión de Cristo, que culmina en La Crucifixión, tema central de la tabla. El pintor neerlandés se mantiene atento al mundo de las apariencias recreándose en las luces reflejadas, brillos y detalles centelleantes de los objetos representados. La siguiente obra es un óleo sobre tabla pintada por ambos lados de la mano de Hans Memling. El anverso muestra el Retrato de hombre orando, con una iluminación suave y difusa que unifica el espacio. Aunque se trata del retrato de un donante, todavía apegado a la temática religiosa, el pintor renano muestra una concepción de la luz que atiende a los fenómenos ópticos y empíricos. En Florero (reverso), la naturaleza muerta contiene una simbología cristiana, pero las delicadas gradaciones tonales y la plasmación de sombras proyectadas, son testigo de una nueva manera de observar los objetos. La siguiente obra es el célebre Retrato de Giovanna Tornabuoni, reflejo de la aristocracia florentina durante el Renacimiento. Ghirlandaio domina el tratamiento de la luz plástica, que permite modelar las formas sólidas atendiendo a la luz y a las sombras según los dictados del tratadista Alberti. Además de la creación de volúmenes, el pintor florentino recrea con gran exquisitez las joyas de la joven, metáforas visuales de la luz. La Virgen y el Niño con San Juanito y San Jerónimo, del manierista Domenico Beccafumi, introduce un tratamiento lumínico que combina delicadeza, expresividad e intención poética. Los personajes están suavemente velados gracias a la técnica del sfumato, que aporta una iluminación moderada sin aplanar las formas. De nuevo encontramos un signo místico en la jerarquización de luz que iluminan principalmente a la Virgen y al Niño. Por último Joaquim Patinir, en el Paisaje con descanso en la huida a Egipto, la luz se establece como medio principal para crear el espacio, un espacio vasto y profundo. La luz del ocaso es la elegida por el pintor para crear profundos contrastes entre zonas oscuras y zonas iluminadas, incidiendo en la naturaleza como protagonista absoluto del lienzo.
Imágenes
Benedetto Bonfigli, La Anunciación (c. 1455), temple y oro sobre tabla, 51 x 36,5 cm
Domenico Ghirlandaio, Retrato de Giovanna Tornabuoni (1489-1490), técnica mixta sobre tabla, 77 x 49 cm
Domenico Beccafumi, La Virgen y el Niño con san Juanito y san Jerónimo (c. 1523-1525). Óleo sobre tabla, tondo. 85,5 cm