La representación del espacio en la pintura del Museo Thyssen-Bornemisza
Autor: Javier Navarro de Zuvillaga
Introducción
Cuando visitamos un museo entramos en él con todo nuestro bagaje cultural, lo que condiciona nuestra contemplación de las obras, pero es posible hacer un esfuerzo para dejarnos llevar por aquello que estamos contemplando.
Si Duccio levantara la cabeza y leyera los comentarios que hago de su tabla, probablemente no entendería nada. Él no la pintó para ser exhibida en un museo, sino para que formase parte de un conjunto que decoraba el altar mayor de la catedral de Siena y estaba destinada al dorso del banco del retablo. Casi setecientos años después, el arte, la pintura, la estética, todo ha evolucionado de manera impensable entonces. Los ojos con que vemos hoy esta tabla nada tienen que ver ni con los de Duccio ni con los de ningún fiel sienés de su tiempo que, rodeando el altar, se parase a contemplarla. Esta obra es hoy algo totalmente diferente de lo que era para su autor, incluso en el supuesto de que nos aproximemos a ello todo lo posible. Aún habiendo hecho este esfuerzo por mi parte, el lector tendrá ocasión de comprobar que mi análisis de esta tabla tiene en cuenta, como no podía ser de otro modo, la evolución de la perspectiva hasta el día de hoy, mientras que Duccio, al pintar este retablo, estaba sentando las bases de una manera de representar el espacio y las figuras que serían terreno abonado para que más de un siglo después Leonardo, Masaccio y Brunelleschi, entre otros, planteasen los fundamentos de la perspectiva.
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Estos cuatro itinerarios que vamos a realizar juntos por las colecciones del Museo Thyssen-Bornemisza son un paseo por la historia de la representación pictórica del espacio, si bien con sus limitaciones, pues no todos los géneros ni todos los movimientos artísticos están representados. Mas no se trataba de hacer una historia de la representación pictórica del espacio, sino de explorar este tema a partir de cuatro secuencias de obras significativas del Museo ordenadas cronológicamente. Si Richard Estes, último artista de estos itinerarios y único vivo, pudiera leer el comentario que escribo de su obra, es posible que se mostrara de acuerdo con la mayor parte de las cosas que en él digo, pero me temo que, aún así, le sonaría todo más bien extraño, ya que no es lo mismo pintar un cuadro que hablar del cuadro pintado por otro. El criterio con que las he seleccionado se ha basado en tres sencillas razones: que me cautivasen por algún motivo, que me dieran explícitamente pie para hablar de los distintos aspectos de la representación del espacio y que entre todas ellas cubriesen temporalmente y de una manera proporcionada el periodo histórico que va desde los inicios del Renacimiento hasta la segunda mitad del siglo XX. Cada cuadro es un mundo con sus propias claves, pero algunos de los temas que analizo en estas obras son: la estructura de la composición, la adecuación de ésta y del formato del cuadro al motivo representado, la utilización de la perspectiva, tanto la lineal como la aérea, el modelado mediante el escorzo y las sombras, la disposición y el trazado de éstas, la utilización del color, los contenidos simbólicos e iconográficos y la relación de la obra con el espectador.