El espacio

Introducción

Cuando visitamos un museo entramos en él con todo nuestro bagaje cultural, lo que condiciona nuestra contemplación de las obras, pero es posible hacer un esfuerzo para dejarnos llevar por aquello que estamos contemplando.

Si Duccio levantara la cabeza y leyera los comentarios que hago de su tabla, probablemente no entendería nada. Él no la pintó para ser exhibida en un museo, sino para que formase parte de un conjunto que decoraba el altar mayor de la catedral de Siena y estaba destinada al dorso del banco del retablo. Casi setecientos años después, el arte, la pintura, la estética, todo ha evolucionado de manera impensable entonces. Los ojos con que vemos hoy esta tabla nada tienen que ver ni con los de Duccio ni con los de ningún fiel sienés de su tiempo que, rodeando el altar, se parase a contemplarla. Esta obra es hoy algo totalmente diferente de lo que era para su autor, incluso en el supuesto de que nos aproximemos a ello todo lo posible. Aún habiendo hecho este esfuerzo por mi parte, el lector tendrá ocasión de comprobar que mi análisis de esta tabla tiene en cuenta, como no podía ser de otro modo, la evolución de la perspectiva hasta el día de hoy, mientras que Duccio, al pintar este retablo, estaba sentando las bases de una manera de representar el espacio y las figuras que serían terreno abonado para que más de un siglo después Leonardo, Masaccio y Brunelleschi, entre otros, planteasen los fundamentos de la perspectiva.

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