El espacio
Itinerario IV
Capítulo 5
El drama de la carne o el espacio del cuerpo
Francis Bacon, Retrato de George Dyer en un espejo (1968)
La obra de Bacon trata fundamentalmente de la carne estremecida, convulsa, retorcida, atormentada, lacerada, desgarrada, despellejada, mutilada, masacrada, vuelta del revés, expuesta, en metamorfosis, pero viva. Muchos de sus cuadros son retratos, algunos sólo de la cabeza y poco más. Dicen que "la cara es el espejo del alma", pero la cara sólo es, manos aparte, lo más visible del cuerpo, aunque también la parte más significativa. Desde luego en el caso de los retratos de Bacon que son sólo de la cabeza y poco más, esa cara es de lo más reveladora, porque es algo más que cara, como dice France Borel: "las vísceras por rostro"[2]. Otros de sus retratos son de cuerpo entero, como el que nos ocupa. Este cuadro de Bacon trae a la memoria unas palabras de Mark Rothko[3]: "Para mí, las grandes realizaciones de los siglos en las que el artista se inspiró en lo verosímil y lo familiar, son los cuadros de la figura humana, sola, aislada en un momento de inmovilidad absoluta". Rothko escribió esto más de veinte años antes de que Bacon pintara este cuadro. A pesar del dinamismo de la pose retorcida en que Bacon ha representado a su modelo, la propia tensión de la figura le da un aire de inmovilidad definitiva.













