1992 - 2012, 20 años
El paisaje, la ciudad nocturna, los interiores y el bodegón son los motivos propuestos para estudiar el comportamiento de la luz. La luminosidad del sur de Francia se traduce en el cuadro de Georges Braque, Marina, l’ Estaque, en tonos predominantemente amarillos y violetas, es un ejemplo de pintura fauvista, construida a través de vibrantes contrastes de color. En Metrópolis de George Grosz y en Cocina alpina de Ernst Ludwig Kirchner, la interpretación expresionista del espacio y la luz se carga de violencia, que revela la desazón de los artistas a consecuencia de la Primera Guerra Mundial. El cruce nocturno de calles retratado por Grosz como un caos de peatones inmersos en una luz rojiza es inexplicable a partir del alumbrado urbano, pero es un ejemplo magistral de las posibilidades expresivas del color para recrear una atmósfera tensa. Ernst Ludwig Kirchner en Cocina alpina pinta enérgicamente el interior de la cabaña que había alquilado para pasar el verano. No hay nada relajado en este ambiente veraniego. La ciudad febril de Grosz contrasta con la serena inmovilidad de otra visión nocturna también teñida de subjetividad: Nueva York con luna de Georgia O’Keeffe. Christian Schad toma del cine expresionista alemán de principios de los años veinte el recurso de utilizar las sombras para incluir en la escena la presencia amenazante de personajes que no llegamos a ver. La influencia de las investigaciones científicas de Thomas Young sobre la naturaleza de la luz puede estudiarse en las obras Contrastes simultáneos, de Sonia Delaunay-Terk y Expansión de la luz (Centrífuga y centrípeta) de Gino Severini. Ambos pintores experimentan con la relación entre luz, movimiento y color. Thomas Young había demostrado que la luz viaja por ondas y que a cada color corresponde una longitud de onda determinada. Composición nº 104. Blanco sobre blanco, de Vordemberge-Gildewart estudia la monocromía a partir de distintas superficies blancas. La luz como agente capaz de unificar un espacio es también el tema obsesivo de los bodegones de Giorgio Morandi, construidos a través de una gama muy reducida de tonos. Y finalmente, Habitación de hotel de Edward Hopper, un interior iluminado por luz artificial a una hora nocturna. La luz y la sombra una vez más construyen un ambiente, y crean el misterio de la vida apenas entrevista de una mujer viajera.
Imágenes
Georges Braque, Marina. L’Estaque (1906) óleo sobre lienzo, 59 x 72,4 cm
George Grosz, Metrópolis (1916-1917), óleo sobre lienzo. 100 x 102 cm
Giorgio Morandi, Naturaleza muerta, 1948-1949, óleo sobre lienzo, 26 x 35 cm