Itinerario IV

Introducción

En el cuarto y último itinerario disfrutaremos para empezar de una hermosa vista urbana, con una fuerte carga subjetiva, obra de Georgia O´Keeffe: Nueva York con luna. Luego, el surrealismo de Magritte en La llave de los campos nos dejará perplejos y nos hará reflexionar sobre los mismos fundamentos de la representación y de la pintura. A continuación, Verde sobre morado de Mark Rothko nos sumirá en la esencia del espacio a través del color en lo que se ha dado en llamar Expresionismo Abstracto. Tras destacar Butaca de Domenico Gnoli, el Retrato de George Dyer en un espejo de Francis Bacon nos hará replantearnos los límites del yo en el retrato de su amante, que es como un sacrificio del modelo en el espacio del cuadro. Y por último, Richard Estes nos hará regresar a la misma ciudad con la que empezamos este último itinerario, mostrándonos en People´s Flowers un fragmento de Nueva York en una representación dentro del llamado Superrealismo, emparentado con la Fotografía, en la que plantea transparencias y problemas de perspectiva que incluyen reflejos sobre distintas superficies, dando lugar a imágenes superpuestas de una intencionada ambigüedad.

Este cuarto y último itinerario abarca casi cincuenta años del siglo XX (1925 a 1971). De los seis artistas que lo componen sólo Richard Estes está vivo. O´Keeffe hace una figuración con un cierto grado de abstracción, mientras que Rothko es totalmente abstracto. Tanto ellos como el resto, siendo aparentemente figurativos, dan testimonio en sus obras de las búsquedas de la abstracción que han marcado las vanguardias históricas.

Una de las cosas que más me han sorprendido de este itinerario es que las seis obras que lo componen se han emparejado de una forma natural. Así lo han hecho O´Keefe con Estes, Magritte con Gnoli y Rothko con Bacon. Los dos primeros no solamente porque sus dos obras son vistas de la ciudad de Nueva York, sino porque han dedicado gran parte de su obra a este tema. Sin embargo, la vista de O´Keeffe es más poética y está a medio camino entre la figuración y la abstracción, mientras que la de Estes es fuertemente realista y está apegada al detalle y lo cotidiano. Magritte y Gnoli se han emparejado porque sus cuadros son dos vistas de interiores, una simple habitación en ambos, si bien tienen algo de contrapuesto, pues el de Magritte mira hacia el exterior y el de Gnoli hacia el interior. Ambas obras comparten también un clima de misterio e intriga que fuerza al espectador a reflexionar sobre su significado. En los dos cuadros subyace un grado de realidad que se intuye bajo las apariencias más evidentes, si bien el planteamiento de Magritte es más intelectual, siendo el de Gnoli más existencial.

En cuanto a Rothko y Bacon fundamentalmente les une la fuerte personalidad artística de cada uno, así como la indudable implicación dramática de sus obras, cada uno a su manera. También en esta pareja se dan fuertes contrastes, ya que Rothko es más espiritual y completamente abstracto, mientras que Bacon basa su obra en la transformación de las apariencias reales mediante la inmolación del modelo en el escenario del cuadro. Este proceso casi ritual al que Bacon somete a los modelos tiene también algo de místico que se revela por encima de la aparente violencia de su obra. Algo que resulta significativo en estas obras es que la figura humana, salvo en el caso de Gnoli y en el de Bacon, ha desaparecido y en las dos que aparece lo hace de manera muy peculiar. En efecto, en Gnoli la figura humana se intuye más que se ve y en Bacon aparece sometida a una transformación que parece querer recrearla.

Con la excepción de Rothko, no es que los artistas en cuyos cuadros no aparece la figura humana la hayan desterrado de toda su obra, pero sí es cierto que, en general, cuando aparece, no lo hace de una manera franca y directa, sino que lo hace de espaldas, fragmentada, en términos muy alejados, a través de un cristal o reflejada. Si echamos la vista atrás y consideramos el conjunto de los cuatro itinerarios, podemos ver que la arquitectura ha tenido un papel preponderante en la mayoría de las obras, ya sea como entorno o como motivo. En efecto, solamente el paisaje de Friedrich no representa arquitectura, ya que en las obras de Van Eyck y de Jones los nichos de la primera y el pajar de la segunda se pueden considerar arquitectura, aunque aquéllos sean sólo un elemento arquitectónico y éste sea una arquitectura pobre.

Si miramos el glosario que acompaña a cada libro veremos unos cuantos términos relativos a la arquitectura. La obra de Van Doesburg es, en cierto modo, la más comprometida con la arquitectura, ya que en ella la pintura se pone prácticamente al servicio de aquélla.

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