Itinerario III

Introducción

Este tercer itinerario nos traslada para empezar al otro lado del océano con dos obras de pintores estadounidenses: Vista de Nueva York desde Brooklyn Heights (c. 1836) de John William Hill y Verano en el Blue Ridge (1874) de Hugh Bolton Jones. La primera es una vista urbana con paisaje de fondo, pintada a la acuarela, y nos ofrece una perspectiva oblicua con un punto de vista muy elevado. La segunda es un paisaje genuino, realizado al óleo, y es un buen ejemplo de la perspectiva atmosférica. Ambas se enmarcan en el Romanticismo que se desarrolló en los Estados Unidos, teñido de conquista y de progreso, y son dos magníficos ejemplos de la pintura americana, aún hoy tan poco conocida en Europa. Los avances en los transportes y el interés por los instrumentos ópticos están implícita o explícitamente en estos dos cuadros. En el de Jones están también el avance en la fabricación de pinturas y el desarrollo de la fotografía, el cual había tenido una gran importancia en los Estados Unidos. La obra de Hill recoge la tradición de la veduta y sirvió para difundir la imagen de Nueva York. El cuadro de Jones entronca con la Escuela del río Hudson, que difundió los paisajes de la América virgen. Ambas obras nos dan a conocer la solidez de la práctica artística en los Estados Unidos de América a lo largo del siglo XIX.

Monet es la cumbre del Impresionismo, movimiento nacido en Francia como consecuencia de la práctica de la pintura al aire libre y practicado también por pintores del norte de Europa. En la obra de Monet La cabaña en Trouville, marea baja, también se manifiesta la influencia de la fotografía, además de la que el descubrimiento de la pintura japonesa, prácticamente desconocida hasta la Exposición Universal de París de 1867, ejerció sobre los artistas. La obra de Monet está realizada con un encuadre insólito para la época y muestra la disolución de la realidad en una atmósfera de luz sobre el plano del lienzo mediante la utilización del color y la pincelada. Las otras tres obras que restan de este itinerario son una muestra del periodo de las llamadas vanguardias históricas.

El Cubismo tiene en Juan Gris su representante, con un cuadro en el que el tiempo interviene en la pintura, ya que obliga al espectador a situarse en los distintos puntos de vista que el artista ha utilizado para conformar el retrato del fumador. En el plano del lienzo ya no hay profundidad, ésta debe ser reconstruida mentalmente por el espectador, lo que crea una nueva realidad. Los vivos colores que emplea Gris en esta obra no son frecuentes en el conjunto de su producción pictórica. Este cuadro acusa también la influencia de la fotografía.

El alemán George Grosz aúna Expresionismo, Cubismo y un prematuro Surrealismo en Metrópolis, una obra impactante, que supone una denuncia de la política que había sumido a Europa en una guerra terrible. Por medio de la caricatura sarcástica, el uso de distintas perspectivas y el color crea una atmósfera de locura colectiva de la que destacan los personajes del primer término que forman una especie de carnaval del horror, todo ello enmarcado en un Berlín inconsciente y fantasmal, teñido de color rojo, como la sangre que vertían los soldados en el frente de batalla.

El último artista de este itinerario, Theo van Doesburg, fue el fundador del Neoplasticismo, junto con Piet Mondrian. Este movimiento artístico pretendía encontrar una nueva forma de expresión plástica alejada del subjetivismo y que fuese válida para todos, basada, según Mondrian, en "la abstracción de todas las formas y todos los colores, o sea, en las líneas rectas y en los colores primarios netamente definidos". Fue uno de los caminos de la abstracción que más han influido, especialmente en la arquitectura. La obra de Van Doesburg Construcción espaciotemporal II, es como su nombre indica, una construcción espaciotemporal, realizada, en efecto, con líneas rectas y colores primarios. Al tiempo que nos remite a los años veinte del siglo pasado, esta pintura se impone por la vigencia de su modernidad.

La entrada en el siglo XX ha supuesto cambios importantes en la representación, fundamentalmente tres: la superación de la perspectiva clásica, la inclusión del tiempo en la obra de arte y la aparición de la pintura abstracta.

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