Itinerario II

Luces y sombras: espíritu y materia

Introducción

     En este itinerario se analizan cuadros desde fines del siglo XVI hasta mediados del XVIII pertenecientes a las escuelas italiana, holandesa y francesa. En ellos, la representación de la luz adquiere distintas connotaciones. Por una parte pervive la asociación metafísica medieval entre luz y divinidad, y en función de ello, la luminosidad del Empíreo inunda los personajes que habitan el ámbito celestial en La coronación de la Virgen, El Paraíso de Tintoretto. La luz como vehículo de la Gracia divina se representa, en Santa Catalina de Alejandría de Caravaggio como un haz de luz intensa que ilumina sólo donde toca, dejando oscuro el resto. La claridad se contrapone a la oscuridad de lo terrenal como espacio de la vida pasajera y material, del mundo de los sentidos, estableciendo una dicotomía fundamental entre la luz como el Bien y el Espíritu, y la oscuridad como el Mal y la Materia. Esta concepción religiosa de la luz se mantuvo en el siglo XVII, pero se abrió paso la exploración de los efectos objetivos producidos por distintos tipos de luces en la naturaleza. En Esaú vendiendo su primogenitura, Hendrick Terbrugghen iluminó el pasaje bíblico con una vela, generando los efectos propios de una fuente lumínica muy concentrada, cálida y vibrante. En Paisaje idílico con la huida a Egipto, de Claudio de Lorena, el tema religioso queda reducido en escala, para dar protagonismo al paisaje en el que se inserta y, sobre todo, a la luz que lo baña. La luz natural y la atmósfera le ofrecen al artista mil matices en función de la hora del día y la estación del año. Se abre paso así una interpretación de la luz como fenómeno natural, físico, cuyas variables constituyen en sí mismas materia de investigación en la pintura. Es, al fin y al cabo, la época de Newton y de grandes descubrimientos científicos sobre el fenómeno de la luz, que van desligando a ésta de la Metafísica para insertarla en la Física y la Óptica. Cuando Vlieger pinta Tormenta en la costa dedica gran atención a la luz en condiciones de tormenta, siendo el estudio del cielo y el agua excusa perfecta para analizar los reflejos y la interposición de la atmósfera húmeda. Los reflejos y la luz, pero sobre las distintas texturas y colores de los materiales, son para Heda el objetivo de Bodegón con pastel de frutas y diversos objetos, de gran precisión técnica. Por su parte, Noche: escena de la costa mediterránea con pescadores y barcas de Horace Vernet muestra un paisaje pintoresco nocturno con luminarias, celebrando la intensidad serena del ocaso.

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Contenidos destacados

Imágenes

Tintoretto Tintoretto, El Paraíso (c. 1588), óleo sobre lienzo, 169,5 x 494 cm Willem Claesz. Heda Willem Claesz. Heda, Bodegón con pastel de frutas y diversos objetos (1634), óleo sobre tabla, 43,7 x 68,2 cm Claude-Joseph Vernet Claude-Joseph Vernet, Noche: escena de la costa mediterránea con pescadores y barcas (1753), óleo sobre lienzo. 96,5 x 134,6 cm