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Casas junto al río (La ciudad vieja), 1914 Paseando habéis llegado al final de la avenida y no hay rastro de ninguna heladería. La ciudad se acaba y apoyados en una barandilla descubrís que no se puede seguir. Desde la orilla parece que la otra parte de la ciudad, con sus ojos de cristal y sus boquitas a medio abrir, nos está mirando y nos invita a descubrir sus misterios. ¡Qué chulo sería pasear por sus callejuelas! Para llegar allí tendréis que sortear un obstáculo ¿cuál? - ¡Menudo río! - exclama Nico - Debemos encontrar alguna forma de atravesarlo. De repente Nico hace uso de una de sus habilidades: la imaginación, y hace aparecer en el río a un barquero inventado para que os ayude a cruzarlo. Es fácil hacerse amigo de Miguel porque no para de hablar y de contar historias extraordinarias. ¿Sabéis por qué aquí las casas están tan juntas? Ahora llegamos a la parte más antigua de la ciudad. Sé que habéis venido por la calle de Saint-Honoré; allí las calles son anchas, mientras que aquí son estrechas y las casas se agolpan sobre nuestras cabezas. ¿Habéis visto desde la otra parte sonreír a las caras de los edificios? - Me encantaría construir una ciudad como ésta con cajitas de cerillas, sólo tendría que pintarlas de colores y dibujar sus caras. ¡Seguro que me quedará una ciudad muy divertida! - Tienes razón Nico, esta parte de la ciudad es como uno de esos juegos de piezas de madera con los que se pueden hacer infinidad de construcciones. Es la parte de la ciudad de la imaginación. Si queréis acompañarme pronto podréis llegar a mi casa y allí os contaré historias maravillosas sobre la ciudad. - ¿Sabéis quién pintó este cuadro? Lo hizo Schiele hace muchos años y quiso representar una ciudad fantasma, sin personas, pero con corazón alegre para que la visitara gente tan divertida como vosotros.
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