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Los recuerdos del viaje a Martinica siguen apareciendo en las obras de Gauguin como un reclamo, como una constante llamada hacia el camino que debe seguir. En 1891 preparó una subasta con el objetivo de conseguir dinero para su viaje a Tahití. Visitó a su familia en Copenhague para despedirse de ellos y en el mes de abril embarcó rumbo a las islas. Después de unos años de trabajar mucho y pasar varias enfermedades regresa a París en 1893. Visita a su familia y realiza otra subasta para recaudar dinero. Embarca por segunda vez en 1895, para emprender el viaje que le aleja definitivamente de la civilización occidental. Venus negra parece inspirada en alguna escultura de la diosa javanesa Vishnu, que pudo ver en el pabellón de Java de la Exposición de París. Gauguin incorpora a la escultura algunos elementos propios, como la serpiente que repta por el muslo de la diosa y la cabeza que sujeta, que puede ser un retrato de Gauguin. Técnica y temáticamente todo está experimentado y conseguido. Ahora es el momento en el que se asienta todo el repertorio de elementos del lenguaje plástico de Gauguin y se pueblan de gentes y paisajes de las islas, de sus danzas, de sus costumbres, de sus trajes y del colorido de una nueva naturaleza.
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