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En 1887 viaja junto a Laval a la isla de Taboga cerca de Panamá, con la intención de recuperarse y recibir la ayuda económica de su cuñado pero se ve obligado a trabajar en las obras del canal. Después, enfermo de malaria y de disentería, se traslada a Martinica. Aquí Gauguin encuentra la primera versión del paraíso que andaba buscando y eso se traduce en cambios que se perciben en sus pinturas. En las obras de este periodo la gama cromática se ve influenciada por la luz violenta y por los colores de la vegetación. Violetas, verdes y púrpuras en diferentes gradaciones se extienden por el lienzo con la misma intensidad, creando composiciones de un notable efecto decorativo. Estas obras no son entendidas en París como el artista esperaba, solamente Théo van Gogh quiere alguno de sus lienzos. Hombres y mujeres negros van y vienen todo el día, con sus canciones criollas y su eterno parloteo. Ese es el tema de Idas y Venidas, el constante ir y venir de las gentes en la finca en la que estaban viviendo Gauguin y Laval, las mujeres que todos los días iban a recoger las frutas a la finca y las transportaban en banastas sobre sus cabezas hasta el mercado. Pero el protagonismo de la escena es del paisaje, de la naturaleza exuberante del Trópico, definida por las tonalidades de verdes brillantes que contrastan con las manchas de bermellón. Perros corriendo es una obra pintada en Pont- Aven, a principios de 1888. En estos meses, previos a las visita de Bernard que supone el gran cambio, Gauguin trabaja sobre escenas humildes. Se trata de sencillas escenas de campesinos en sus quehaceres diarios. Esta pradera, en la que corretean dos perrillos, es el elemento protagonista. Hay aspectos que recuerdan los paisajes anteriores pero algunos elementos como la perspectiva ascendente y el tratamiento de la naturaleza han cambiado y remiten a las obras realizadas en Martinica.
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