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El interés de los pintores de Brücke por el arte
primitivo no está en lo meramente estético sino en el hecho de compartir
con estas culturas la idea de que el arte es un medio de expresión
libre y directo, que permite al artista transmitir sensaciones. En 1910 se abrió de nuevo el Museo Etnológico de Dresde, en el que los artistas de Brücke pudieron ver numerosas manifestaciones de otras culturas; allí estaban los travesaños tallados de las islas Palau que vieron una y otra vez. Kirchner es quizás quien más reflejó esta influencia en sus pinturas y en las tallas que realizó en madera, como Pequeño Adán y Cabeza de mujer, así como en y dibujos que enviaba a sus amigos de Brücke. En los muros y en las cortinas del taller de Kirchner se podían ver una serie de figuras, de parejas, que reflejaban la influencia de los travesaños y también de las pinturas murales indias de las cuevas de Ajanta, que conocía gracias a las reproducciones de una publicación. El primitivismo está asociado también a los temas eróticos, los desnudos tanto en la naturaleza como en los interiores del taller reflejan la postura de los miembros de Brücke abierta a expresar su propio concepto desinhibido de la sexualidad, frente a la actitud conservadora de la burguesía de la época.
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