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Precedentes como las colonias de artistas en Worpswede,
Goppeln o Pont-Aven están en nuestra mente al analizar las vivencias
y modo de trabajo del primer periodo de Brücke. Los lagos de Moritzburg, la isla de Alsen, Frisia, las dunas de Fehmarn, Dangast o Hiddensee, eran los paradisíacos destinos de los artistas de Brücke. Eligieron estos lugares para pintar en plena naturaleza, allí plasmaron la vida sencilla del campo, los paisajes y la armonía del hombre en la naturaleza. Parte de la búsqueda transcurrió en entornos rurales, que les sirvieron como escenarios naturales en los que experimentar con el color. Se trata de escenas de campo sencillas en las que se sienten los cambios de estaciones y la riqueza cromática de la naturaleza. Brücke se planteó una huída de la ciudad, de la civilización, como hicieron también Gauguin y otros pintores. Se trata de una huída en el tiempo y en el espacio en busca de unos valores perdidos, del origen, que encuentran en la pureza de las culturas primitivas y en el ambiente aún sin contaminar del campo.
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