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En la década de 1930 Baumeister abandona las formas
geométricas y sus obras se llenan de figuras de formas orgánicas que
evolucionan entre superficies cargadas de material, y que recuerdan
a las pinturas prehistóricas. Desde que en 1931 asistiera a una conferencia sobre Altamira su interés por estas manifestaciones artísticas fue creciendo, viajó a España para conocer Altamira pero son las cuevas de La Valltorta en Valencia las que más le interesaron por su esquematismo y su carácter de signo. Baumeister estaba interesado por el concepto de imagen como signo, como representación y evocación de un mensaje o narración. Después de las obras más estáticas de la década anterior Baumeister empieza a investigar la figura en movimiento, por eso se encuentran jugadores de tenis y corredores, figuras que llevan el movimiento implícito. Hay un cambio también en los materiales y en la técnica debido a ese contacto con las pinturas del neolítico. Las superficies tienen una textura similar a las de una pared de roca porque utiliza arena mezclada con pintura, con resinas sintéticas y con barnices; en cuanto a la técnica, trabaja los efectos de esfumado y juega con las formas en positivo y en negativo.
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