La Soledad es uno de los dos cuadros que Corot presentó «fuera de concurso» al Salon de 1866. Con esta obra pone de manifiesto una vez más que su visión de la naturaleza es muy distinta de la de sus contemporáneos. En lugar de la representación naturalista de Rousseau o realista de Courbet, Corot prefiere pintar una naturaleza que incita a la poesía y a la ensoñación bucólica. Una dilatada trayectoria le conduce hasta esta forma de pintura: el tema, justificación indispensable del paisaje en la década de 1820, pasa progresivamente a segundo plano, cediendo en la década de 1840 mayor espacio a la propia naturaleza, espacio que acabará ocupando casi por completo el propio paisaje en la década siguiente. Los Salones de 1851 y 1859 constituyen a este respecto hitos decisivos y marcan el verdadero punto de transformación de los distintos estilos de Corot.