1992 - 2012, 20 años
Este enorme lienzo relacionado con el conjunto de obras que Rothko pintó en los sesenta, en los que ningún color lucha por dominar el lienzo, se presenta ante el espectador como una provocación ante el potente impacto perceptivo y emocional que suscita el sintetismo de la abstracción cromática. La intención de sumergir al espectador en sus obras a través de la inmensidad de las superficies le vincula con ciertos conceptos decorativos. A su vez, a pesar de la aparente homogeneidad de esta pintura, la expresividad cromática no sólo se consuma en el suspense trágico de la oscuridad de ambos colores. También juega un papel importante las sutiles matizaciones que desprenden las huellas de las pinceladas, las cuales, lejos de esconderse, revela la ejecución del cuadro y, por lo tanto, la presencia del artista.