1992 - 2012, 20 años
“No se puede pintar Nueva York tal como es, sino tal como uno lo siente”, reconoció O’Keeffe en cierta ocasión. Los rascacielos transmiten una impresión de abarrotamiento y opresión que indica cómo sentía Nueva York esta pintora que nació y creció en el campo del Medio Oeste y era amante de la naturaleza. El paisaje urbano es fijado desde un encuadre cinematográfico en su punto de vista contrapicado. Dos focos de luz, la luna atravesada parcialmente por las nubes que pasan y la farola del Hotel Chattam dan una presencia casi sobrenatural a la imagen, al tiempo que el cielo rojo del crepúsculo en la parte inferior del lienzo, sobre el que despunta la aguja de la torre de una iglesia, crea un efecto surrealista.