Este cuadro, asociado a los múltiples encargos de obras para devoción privada que recibe Bellini entre 1460 y 1505, representa a la Virgen y al Niño acompañados por una figura masculina anciana y otra femenina, los cuales no llevan ningún tipo de atributo que permita identificarlos. La disposición es horizontal y los personajes, con gran solidez y monumentalidad, se presentan sobre un fondo de paisaje, cuya degradación espacial está perfectamente lograda, a pesar de no atender a los principios del sfumato y la perspectiva aérea según Leonardo.