1992 - 2012, 20 años
Gracias a la correspondencia que Durero mantuvo con su amigo, el humanista y poeta Pirckheimer (1470 1530), sabemos que esta obra fue pintada durante su segunda estancia en Venecia. Durero funde en esta tabla, con originalidad, modos italianos y nórdicos. La belleza y la fealdad en las deformaciones caricaturescas, la juventud y la vejez contrastan con singularidad. Las manos de uno de los seis rabinos y las de Cristo constituyen, por su posición y expresividad, el foco de atención de la escena.