Verdadera obra maestra del período fauvista del que sería uno de los grandes jóvenes “salvajes”, André Derain. Corresponde esta pintura a la serie que realizó el pintor en Londres por encargo del marchante parisino Vollard. El cuadro retoma el tema que Monet había realizado previamente, la vista del río Támesis, pero lo interpreta conforme a unos cánones fauvistas en cuanto a la interpretación del color, especialmente evidente en el color azul escogido para el puente, cuyo trazado horizontal sirve de línea de horizonte en la composición. No obstante, Derain emplea igualmente la técnica del puntillismo que había adoptado bajo la influencia de Signac. Así, es el espectador quien completará finalmente el cuadro con su mirada, fundiendo unos colores puros aplicados sobre el lienzo parcialmente visible en pequeños toques a modo de teselas de mosaico.