Perteneciente a una serie inacabada que el que fuese precursor del Impresionismo pintó en torno a las cuatro estaciones del año, esta obra estaba probablemente destinada a representar el verano. Tras el éxito obtenido un año antes con La Primavera, Manet atendió con cuidado a la realización de este cuadro, poniendo especial énfasis en el vestuario, siguiendo el credo de Baudelaire de que la moda era símbolo de modernidad. El tratamiento de la luz, como sucede con la soltura de la pincelada, puede considerarse impresionista, pero en Manet la búsqueda de luminosidad se yuxtapone al estudio de las superficies de color, de los contornos y de las texturas.