1992 - 2012, 20 años
Uno de los retratos que Holbein realizó de Enrique VIII, la obra muestra cómo la imagen oficial que configuró del monarca prescindía de cualquier tipo de idealización. A pesar de ello, transmite autoridad en su pose y atuendo regio, potenciado por la corporeidad de su cuerpo y cabeza, lograda a través del extraordinario dibujo subyacente. El realismo es extremo en el tratamiento de la prenda, donde Holbein demuestra su pasado como orfebre y joyero en Basilea. De hecho, para acentuar la riqueza del atuendo, no dudó en emplear polvo de oro como pigmento para las joyas.