1992 - 2012, 20 años
A modo de representación del proverbio “Elogio de la mujer fuerte", el retrato nos muestra a una dama, de identificación dudosa, con una rueca hilando, referencia recurrente en el arte holandés para resaltar la honestidad y la castidad de las esposas frente a las tentaciones. El entorno es sobrio, con paredes desnudas donde cuelgan, al fondo, un cestillo de labor en el que asoman unas tijeras, y a la izquierda una devanadera de madejas. Se ha pensado que la pintura pudo formar pareja con una segunda tabla en la que estaría representado el esposo de la dama siguiendo el mismo modelo que el artista estableció para el célebre retrato de Anna Code.