Este retrato familiar representa a un matrimonio de mediana edad de identidad desconocida, acompañados por sus dos hijos y un tercer niño negro, dispuestos en un paisaje natural en el que el fondo de árboles se complementa con la apertura espacial lograda por el cielo que ocupa la franja vertical derecha. Destaca la individualización de los personajes, de expresiones vivaces y rostros iluminados. La obra responde a la voluntaria exaltación del matrimonio y la fidelidad, valores defendidos por la religión protestante, acentuada por el gesto de los cónyuges que se toman la mano, por la presencia del perro y por la planta de hiedra que aparece en los pies del hijo.