1992 - 2012, 20 años
Esta pintura constituye una de las mejores representaciones del romanticismo alemán, ejemplificando el tratamiento del paisaje propio de Friedrich. Silencioso y de honda quietud, contiene un simbolismo, alusivo a la vida y a la esperanza, marcado por la personal interpretación religiosa del pintor. Unos personajes de espaldas se disponen en un sendero como pequeñas figuras en la inmensidad de un paisaje invadido por la luna, visible todavía en lo alto del firmamento, que se contrapone con su resplandor al amanecer. Esta contraposición se ha interpretado como un signo alusivo a la muerte y resurrección.