Capítulo 3. Una ciudad desquiciada: el espacio subjetivo

Aunque reconocemos elementos familiares de la vida en la ciudad —edificios, calles, una farola, un tranvía…— hay una exageración negativa que vuelve todo agresivo y caótico. Esta metrópolis teñida de rojo es una pesadilla enloquecida. El espacio urbano y sus habitantes han sido sometidos a una transformación para expresar la angustia de Grosz, que pinta en los años de la Primera Guerra Mundial (1914-1918). Aunque utiliza elementos de la perspectiva para construir su ciudad, los maneja con gran libertad, sin preocuparse de conseguir la perfección o la exactitud. La expresión de su visión personal y crítica es lo que más le ha interesado. Para conseguir plasmar esa ciudad subjetiva que refleja sus sentimientos, acentúa el dinamismo de las líneas diagonales en la composición, introduce un punto de vista elevado y acelera el tráfico de peatones y vehículos en una carrera agobiante y sin salida. ¿Dónde van? ¿Dónde podrían ir? ¿Existe algún lugar para refugiarse de esta ciudad tan inhóspita e inhumana?

Grosz utiliza la visión subjetiva de los expresionistas, que entendían la obra de arte como expresión de una necesidad interior. Une esa herencia con el dadaísmo, que reaccionó contra el horror de las matanzas masivas de la guerra y cuestionó la confianza en que el progreso hiciera más felices a los hombres. La realidad puede deformarse y caricaturizarse si es necesario, para poder reflejar el dolor de un alemán en los años de la Primera Guerra Mundial. La calidad del cuadro está en la claridad con que nos comunica esa desesperación, haciendo que también nosotros veamos ese cruce de calles como un retrato de la locura en la que la sociedad alemana de aquellos años estaba inmersa, y que además miremos críticamente las supuestas ventajas de la vida en una ciudad moderna.

George Grosz

Metrópolis, 1916-1917.

Óleo sobre lienzo. 100 x 102 cm

El cuadro representa una muchedumbre llena de inquietud en el centro de una gran ciudad, en el cruce de dos calles presidido por una farola y un hotel, rodeados de otros establecimientos con carteles luminosos como: unos grandes almacenes, bares y cafés. La escena es nocturna, iluminada por la esbelta farola y una luna roja en el cielo. Lo sorprendente es que un intenso color rojo tiñe toda la ciudad, llenándola de dramatismo. La tensión aumenta porque las dos calles principales están llenas de personas aceleradas que caminan inclinadas hacia delante, en una misma dirección y vestidas de manera uniforme: la mayoría de traje y sombrero. Grosz pinta a los habitantes de la ciudad como personajes anónimos, sólo están caracterizados los que ocupan el primer término del cuadro, y estos parecen caricaturas crueles. A la izquierda hay, por ejemplo, un hombre con boina que puede ser un campesino; en la parte central, una serie de hombres con traje de chaqueta, bastón y bombín; dos de ellos, con corbata de pajarita y un puro en la mano, parecen ricachones. A nuestra derecha, delante del cartel inclinado de Café, vemos el cuerpo rojo de una mujer desnuda con ligueros. Todos los personajes tienen algo de fantasmal, por la confusión con que se entrecruzan sus cuerpos, siguiendo las direcciones marcadas por las dos calles, y porque esos cuerpos son parcialmente transparentes y se solapan entre sí. La mujer desnuda parece encajar como una pieza de puzzle entre un perro negro y un hombre de casco y uniforme negro que podría ser un guardia.

No hay proporción en el tamaño de las figuras, la más grande está justo detrás de la farola y su gran cabeza roja recuerda a una calavera, de cuya boca se escapara uno de los hombrecitos negros. Quizá podría ser la Muerte. Detrás de ella, a nuestra izquierda, hay un coche fúnebre negro con dos caballos dirigidos por un esqueleto con chistera. Más lejos, en la calle de la izquierda, hay otro coche fúnebre tirado por un caballo que está parado.

El espacio del cuadro está definido por una perspectiva oblicua, que podemos reconocer analizando el edificio del hotel en la esquina de las dos calles. Las dos fachadas del hotel fugan oblicuamente, una hacia la izquierda y la otra hacia la derecha. La farola indica el centro de la plaza en el que confluyen las dos calles principales, y su posición atrae nuestra mirada hacia el hotel. La perspectiva de la escena no es exacta geométricamente, sino que está trazada a ojo. Grosz la ha utilizado para dar movimiento a su cuadro y aumentar la sensación de caos y confusión con que retrata su moderna metrópolis.

Al fondo del cuadro, a nuestra izquierda, detrás del torreón del hotel, hay un grupo de edificios representados utilizando otro tipo de perspectiva, una axonometría isométrica, también pintada a ojo y con libertad. Otro detalle interesante es el edificio inclinado y amarillo que aparece tras el hotel, a nuestra izquierda, encajando muy bien con las líneas diagonales de los edificios representados en axonometría. Ese edificio inclinado subraya el carácter catastrófico del cuadro. La composición general de estas calles está marcada por líneas que parten del centro del cuadro y que dan una sensación de explosión a la escena.

Grosz pintó Metrópolis con su experiencia de la Primera Guerra Mundial (1914-1918). Él se había enrolado en el ejército alemán, pero sufrió una depresión y fue internado primero en un hospital y después en un manicomio. Este cuadro expresa intensamente el horror y la desesperación que debió vivir Berlín en plena guerra y caricaturiza la sociedad que fue incapaz de impedir una situación tan inhumana.

ACTIVIDADES EN CLASE O EN CASA:

Elige algunos elementos y figuras de la ciudad pintada por Grosz y cópialos. Ahora tienes que colocarlos en otro escenario o paisaje inventado por ti. A diferencia de Metrópolis, tu nuevo paisaje urbano o natural debe ser alegre e inspirar tranquilidad y confianza. Para conseguirlo, puedes cambiar todos los colores de tus figuras. Imagina qué más cosas tendrás que cambiar...

Sería interesante ver la película de Fritz Lang: Metrópolis, de 1927. Está hecha diez años después que el cuadro de Grosz y es una historia de ciencia ficción imaginada en una ciudad inventada de principios del siglo XXI, Yoshiwara. Aquí también la ciudad moderna se convierte en un entorno agobiante y deshumanizado. Puedes comparar ambas ciudades.

Contenido destacado

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Imagen de un cuadro donde aparece un centro urbano repleto de gente.

George Grosz,

Metrópolis (1916-1917)

Madrid, Museo Thyssen-Bornemisza