Capítulo 6. Salomon Jacobsz.van Ruysdael

Autor: Beatriz Fernández

Salomon Jacobsz. van Ruysdael, Un río con pescadores, 1645, óleo sobre tabla, 51,5 x 83,6 cm

Es un apacible paisaje fluvial, donde una orilla oscura nos conduce en diagonal hacia dentro, siguiendo el curso del río y el rumbo de los veleros hacia la silueta lejana de un pueblo, en el que destaca el campanario vertical de una iglesia. Ese pequeño campanario parece, por su forma apuntada y pálida una vela más. Dos terceras partes del cuadro están ocupadas por un cielo tranquilo, más claro en el horizonte, donde su luz baña la orilla del pueblo y confunde el aire y el agua en un único tono luminoso.

La obra está firmada con el monograma «S VR» y fechada en «1645», sobre el bote oscuro que aparece en el primer término, a la derecha. Ese bote con su tripulación pertrechada con remos y caña de pescar, actúa de repoussoir, acentuando la distancia entre el primer término oscuro del cuadro, y la luz del horizonte, al fondo.

Salomon Jacobsz van Ruysdael (1600/1603 – 1670) es uno de los grandes paisajistas holandeses, del siglo en que este género de pintura alcanzó su mayor apogeo. Perteneció a una familia de pintores, en la que fue hermano, padre y tío de artistas. Entre todos ellos destacaron especialmente dos paisajistas, el propio Salomon Jacobsz y su sobrino Jacob, que firmaba Ruisdael, para distinguirse del apellido de su tío.

Salomon había nacido en la ciudad de Naarden, pero desarrolló su carrera artística en Haarlem. En 1623 entró en el gremio de pintores de esta ciudad. Fue comerciante además de pintor, y en la década de los cincuenta negociaba con tintes azules con las tintorerías de Haarlem. Por sus vistas sabemos que viajó y pintó en diversos lugares de los Países Bajos, como Leiden, Utrecht o Alkmaar.

En su periodo de formación, en la década de los veinte, tuvo influencia de Esaias van de Velde, -que había pintado en Haarlem entre 1609 y 1618-; y Jan van Goyen. Salomon van Ruysdael encabezó junto a los pintores Jan van Goyen y Pieter de Molijn, el grupo de paisajistas «tonales» de su generación, que intercambiaron experiencias y pusieron las bases del gran periodo clásico del paisaje holandés, que se desarrollaría a continuación. Salomon fue muy aficionado a las marinas tranquilas y los temas fluviales; pintó además al final de su vida algunos bodegones.

El año 1645 en que está fechado este cuadro, fue especialmente fecundo en el trabajo de Ruysdael; Stechow ha catalogado veintidós cuadros de esa fecha. Entre ellos hay doce con vistas de ríos y canales, que guardan una estrecha relación con la obra del Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid. Ruysdael gustaba de hacer variaciones sobre un mismo tema, y aunque vuelve muchas veces sobre determinadas composiciones -la línea de horizonte baja, el curso del agua retrocediendo en diagonal, la atmósfera envolvente-, trabaja a partir de la observación, y evita caer en fórmulas convencionales.

La especialización en el mercado holandés

Los paisajistas holandeses del siglo XVII no pintaron para los nobles o para los gobernadores estatales y locales. Ni la Iglesia ni la corte de la casa de Orange ejercieron un mecenazgo importante sobre este género de pintura. La clientela era la clase media, que se convirtió en un mercado en expansión, gracias a que Holanda tuvo la renta per cápita más alta de toda la cristiandad durante el siglo XVII, y fue capaz de mantenerla a lo largo de casi todo el siglo XVIII. Los precios de la pintura de paisaje permanecieron bajos, porque había una gran producción. Era una pintura popular hecha en pequeños formatos. El pintor local vivía dentro de una fuerte tradición artesanal y, a menudo, buscaba una segunda ocupación para completar sus ganancias. (Jacob van Ruisdael, sobrino de Salomon, alcanzó fama como cirujano después de hacer con éxito varias operaciones en Amsterdam, al final de su vida.)

En este mercado altamente competitivo y en expansión, los pintores tendían a especializarse en unos temas y un estilo cuando habían conseguido hacerse una clientela. Incluso dentro de un mismo género de pintura, o especialidad temática, había pintores que cultivaban uno u otro motivo. Podían ser pintores de escenas de invierno, o pintores de dunas, o de vistas de bosques, panoramas, vistas de montaña, etc. La pintura fluvial fue una de las especialidades de Salomon van Ruysdael. El tema había sido ya tratado en Holanda por Jan Brueghel el Viejo (1568-1625) y, posteriormente, por Esaias van de Velde (c. 1591-1630), pero Ruysdael exploraría más a fondo sus posibilidades.

«Naturalismo selectivo»

En muchos de los cuadros de los paisajistas holandeses aparece la figura del pintor, o del grupo de pintores dibujando en medio de la Naturaleza. Había una tradición teórica que recomendaba al artista dejar la ciudad y salir a pasear por el campo, y dibujar allí con lápices y tiza sobre cuadernos de croquis. Ya en el estudio, la tarea se trasladaba del papel al lienzo o a la tabla, y se planteaba el trabajo con el color de memoria. Los apuntes serían entonces una gran ayuda para pintar paisajes que «dan vida en colores a los paisajes que el pintor ha visto en el exterior» (Karel van Mander).

Esaias van de Velde, maestro de Ruysdael, fue quien difundió entre los paisajistas la idea de practicar el dibujo con tiza de modelos naturales, aunque ya había habido pintores anteriores que utilizaron este sistema. Su expansión contribuyó al auge de la pintura de paisaje. Los temas eran lugares reconocibles del entorno local, cuya belleza para la pintura se comenzaba a descubrir.

La técnica de Ruysdael es un ejemplo de esta forma de trabajo, que permite una exploración minuciosa de sus temas a través de sus dibujos preferidos. El resultado es un «naturalismo selectivo» (Hoogstraten), el pintor construye cuidadosamente una imagen que parece natural, estudiada con detalle y concebida armoniosamente. Dentro de su tema se mueve con gran licencia artística, transformando los detalles del paisaje para mejorar la composición. Pese a la costumbre tan extendida de trabajar al aire libre, son muy escasos los dibujos preparatorios de los paisajistas holandeses que se han conservado hasta hoy.

«Pintura tonal»

En la década de los treinta, Salomon van Ruysdael desarrolló en contacto con Van Goyen y con Pieter Molijn el paisaje «monocromo» o «tonal». Es un paisaje con una composición unificada, una paleta de color restringida y una atmósfera sutilmente luminosa. Los motivos individuales y el color se subordinan a una estructura unificada y una tonalidad de conjunto. En estos paisajes las figuras humanas no tienen un papel importante en la composición.

Un río con pescadores es un buen ejemplo de esa pintura tonal que corresponde a la obra de madurez del artista. Podemos ver en el cuadro cómo la composición general ordena la escena en grandes zonas de color: la vegetación de la orilla oscura y su reflejo en el agua; los verdes agrisados que agrupan en una única masa las copas de los árboles y los arbustos; la luz del horizonte que une el aire y el agua, las velas distantes y la arquitectura de la orilla lejana. Las nubes suaves de la mitad inferior del cielo son un eco de las formas irregulares de la vegetación de la orilla arbolada.

Hay también una repetición de gestos y posturas en los hombres de las embarcaciones: inclinados sobre los remos o pescando. Son personajes comunes, no hay nada de idealizado en ellos. Sus vestidos entonan con el colorido general de la escena.

El cuadro utiliza unos recursos técnicos que se habían comenzado a ensayar desde la década de los veinte entre los paisajistas que trabajaron en torno a la ciudad de Haarlem, que fue la gran escuela del paisajismo holandés en el siglo XVII.

Un río con pescadores fue pintado sobre dos tablas de roble, unidas longitudinalmente (la superior tiene 23,6 cm y la inferior 27,6 cm; resulta un panel de 51,5 x 83,6 cm). La unión de ambas planchas ha sido restaurada, rellenando la juntura, y se encuentra en buen estado. Las tablas se alisaron y se reforzaron por detrás con un marco también de madera, para impedir que pudieran curvarse. Este tipo de montaje era tradicional en la pintura flamenca sobre tabla, desde el siglo XVI.

La tabla se preparaba para recibir la pintura aplicándole un aparejo delgado y flexible a base de creta (carbonato cálcico) y cola, que apenas ocultaba el grano de la madera, y proporcionaba un fondo blanco a los colores al óleo. En este panel se percibe el grano de la madera dispuesto horizontalmente (por ejemplo, en el extremo superior derecho del cielo, tras las nubes).

Sobre la preparación se trasladaba el dibujo previo, que era una rápida nota tomada de un apunte hecho al natural. El artista situaba los principales elementos del paisaje y el follaje, sin preocuparse aún de ninguna figura humana. Siguiendo ese dibujo previo, se extendía el color con pincel, distribuyendo los tonos de base en las amplias zonas que definen la composición general. La delgada preparación blanca puede dejarse ver en algunas partes.

Sin embargo, la reflectografía (fotografía con rayos infrarrojos) ha revelado que no existe un dibujo subyacente en este cuadro de Ruysdael. Entre las doce composiciones de temas de ríos y canales que el pintor realizó en 1645, hay tres muy similares a ella. Tampoco se ha encontrado un dibujo subyacente en dos cuadros anteriores actualmente en la National Gallery de Londres. Todo ello conduce a pensar, según apunta Gaskell, que Ruysdael conocía tan bien la composición, que la pintó directamente sobre la tabla preparada, inventando a medida que avanzaba en su tarea.

Lo primero que se pintaba era el cielo y el horizonte, que se hacían aplicando capas de color húmedo sobre el fondo aún húmedo, para que los colores se fundieran entre sí. A continuación se planteaban los elementos restantes hasta llegar al primer plano, utilizando siempre un dibujo esquemático en un color restringido, que tiende a la monocromía y se mueve apenas entre un pardo y un gris verdoso.

La entonación general se completaba con rápidos toques de color luminoso. Estos toques se pueden apreciar en el primer término de la orilla izquierda: en la oscuridad es difícil percibir el límite entre la tierra y el agua, por el reflejo oscuro de la vegetación. Ruysdael sabe iluminar esa oscuridad acuática con pequeñas pinceladas en tonos claros.

En la orilla izquierda, unos pescadores colocan una red, que dibuja una curva en el agua con sus flotadores y que marca y hace visible la superficie tranquila del agua. Estos hombres, o los que se afanan junto a las cabañas un poco más lejos, son los personajes secundarios que siempre aparecen en la pintura holandesa. Tenían varias funciones: animaban la escena; servían de indicación de la escala del paisaje, y contribuían a situar al hombre como parte integrante de la naturaleza. Ruysdael pintó siempre las figuras secundarias de sus paisajes, pero otros artistas holandeses se las encargaban a pintores especializados en hacer esos personajes. Generalmente, en los paisajes se incluyeron figuras cotidianas: pastores, pescadores, cazadores y paseantes ociosos. Los paseantes y los viajeros fueron los personajes preferidos como figuras secundarias.

Pincelada corta en grandes zonas de color

El escritor holandés Arnold Houbraken (1660-1719) señaló que Ruysdael solía comenzar sus cuadros atravesando el horizonte con una pincelada horizontal y ancha. La huella de esa decidida pincelada inicial se conservaba en el horizonte y creaba un efecto de movimiento en el aire.

Esa pincelada ancha contrasta con los trazos cortos que dibujan sutilmente los cambios de luz en el cielo o en el agua. El trazo de un pincel fino se percibe en los azules del cielo, que se superponen a los grises, dibujando el perfil de las nubes y sus tonos oscuros. La dirección diagonal de esos pequeños toques azules acompaña el movimiento del río y de las nubes hacia el pueblo en el horizonte. (Algunas de esas pequeñas pinceladas han sido retocadas en una restauración del cuadro).

También notamos la huella del pincel fino de Ruysdael que dibuja la vegetación, pinceladas muy cortas interpretan la disposición de las frondas de los árboles. Se presta atención al movimiento general y a la luz, pero se olvida el detalle en el dibujo de las hojas que se practicaba en la pintura de paisaje de épocas anteriores.

Para el coleccionista de obras de arte que vivía en la ciudad, el paisaje pintado de «lugares placenteros» -como el río con pescadores de Ruysdael- se podía comparar con la agradable experiencia de un paseo por la naturaleza. Los ríos y los canales permitían a los holandeses salir al campo con facilidad y les mantenían en contacto con el medio rural. Sus paisajistas del siglo XVII pintaron la primera versión moderna del campo. Supieron descubrir la belleza natural de su país, explorarla con sus dibujos al aire libre y mejorarla incansablemente estudiando el efecto de la composición y el tratamiento de la luz. En su visión, el paisaje se mira ya como un lugar de esparcimiento mental y diversión.

CITA

«Acostumbraos a observar sin olvidar nada; registrad todas las cosas como si las estuvieseis anotando y grabad en vuestros pensamientos su carácter, de modo que más tarde podáis recuperarlas de vuestra imaginación y ayudaros con un conjunto de imágenes almacenadas en vuestra memoria después de que hayáis abandonado el modelo que os proporcionó la naturaleza».

(Samuel Van Hoogstraten, Inleyding tot de hooge der schoole der schhilderkonst, Rotterdam, 1678, pp. 139-40. Citado en: P.C. Sutton y J. Loughman, El siglo de oro del Paisaje Holandés, catálogo de la exposición, Madrid, Fundación Colección Thyssen-Bornemisza, 1994, p. 20)

BIBLIOGRAFÍA

GIFFORD, E. M., «Style and Technique in Dutch Landscape Painting in the 1620s», en Wallert, Hermens y Peek, (eds.), Historical Paintings Techniques, Materials, and Studio Practice, Preprints of a Symposium, University of Leiden, Países Bajos, 1995 editado por The Getty Conservation Institute, Allen Press, Kansas, 1995.

JACOB, W., Landscapes from Brueghel to Kandinsky, catálogo de la exposición, Kunst-und Ausstellungshalle der Bundesrepublik Deutschland, Bonn, 2001.

SUTTON, P. Y LOUGHMAN, J., El Siglo de Oro del Paisaje Holandés, catálogo de la exposición, Fundación Colección Thyssen-Bornemisza, Madrid, 1994.

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Cuadro, Un río con pescadores, Salomon Jacobsz. van Ruysdael. Salomon Jacobsz. van Ruysdael, Un río con pescadores, 1645, óleo sobre tabla, 51,5 x 83,6 cm