Capítulo 2. Las estampas japonesas y el Impresionismo

Monet fue uno de los pintores impresionistas que antes se sintieron atraídos por las estampas japonesas. En la década de 1860 era frecuente encontrar en los talleres de los pintores en París, abanicos y estampas japoneses. Les fascinaban su sentido decorativo y la manera en que representaban el espacio, muy distinta a la perspectiva utilizada tradicionalmente en Europa. Este descubrimiento fue posible gracias a que en 1854 los puertos japoneses se abrieron oficialmente a los comerciantes occidentales, y en la segunda mitad del siglo XIX, Japón participó en las Exposiciones Universales de 1862, en Londres, y de 1867, 1878 y 1889, en París.

Pintores como Degas y Monet se inspiraron en las estampas de los artistas Hokusai e Hiroshige, en las que aprendieron que el tema principal de un cuadro podía no colocarse en el centro, sino desplazado hacia un lado, obligando al público a que recorriera con la vista toda la imagen. Otras características que les influyeron fueron: que los grabadores encuadraban las escenas desde puntos de vista altos y que ponían a menudo elementos grandes colocados en el primer término y elementos pequeños en el fondo, y con ese contraste de tamaños sugerían el espacio de una forma distinta a la tradicional.

También les atrajo en la estampa japonesa que se pudiera representar sólo un fragmento del modelo que se pintaba, que quedaba interrumpido por el borde del cuadro, impidiéndonos una visión completa. Además, los grabadores japoneses planteaban los espacios vacíos como zonas planas de color brillante y no hacían el volumen de los cuerpos utilizando la luz y la sombra. El descubrimiento de todas estas nuevas posibilidades supuso para muchos artistas un periodo de experimentación y un cambio en su manera de componer sus cuadros, que sorprendería mucho al público.

Claude Monet

La cabaña en Trouville, marea baja, 1881.

Óleo sobre lienzo. 60 x 73,5 cm

Monet pinta una marina con un horizonte muy alto y un amplio espacio vacío dedicado al mar, surcado a lo lejos por pequeños veleros. La gran diferencia de tamaño entre la cabaña y los barcos aumenta la sensación de lejanía del horizonte. En primer término, a la izquierda, nos sorprende encontrar una ladera muy empinada con una pequeña cabaña vista desde arriba. La originalidad de la composición está inspirada en las estampas japonesas. Los artistas japoneses no habían desarrollado una perspectiva como la occidental, utilizaban muchas veces puntos de vista altos y sugerían el espacio colocando elementos de diferentes tamaños yuxtapuestos unos detrás de otros. En sus estampas, el espacio vacío era tan importante como las formas sólidas. En este paisaje de Monet, el terreno no desciende suavemente hacia la orilla del mar, sino que vemos una panorámica tomada desde un punto de vista alto y con un salto al vacío. Monet había comprado en Holanda una colección de estampas japonesas en 1871 y a menudo se inspiró en ellas para la composición de sus cuadros.

En la marina que comentamos el pintor une lo que ha aprendido estudiando a los grabadores japoneses con la enseñanza de dos maestros un poco mayores que él: Eugène Boudin y Johan Barthold Jongkind, que le animaron a salir de su estudio y empezar a pintar directamente al aire libre, acompañándoles en sus excursiones por la costa en torno al puerto de Le Havre, en la región francesa de Normandía.

En1 1882, Monet pintó en la costa muchas versiones del tema de la Cabaña del aduanero de Varengeville, con una composición semejante a la de este cuadro. En ellas estudiaba distintos efectos de la luz sobre la casa y el mar. Esta forma de trabajar era característica de Monet. Guy de Maupassant escribió que pudo verle pintando en el campo acompañado por unos niños que llevaban cinco o seis lienzos que representaban el mismo tema a diversas horas del día. Así el pintor podía elegir trabajar en uno o en otro según avanzaban las horas e iba cambiando la posición del sol. El resultado era una serie de cuadros con el mismo tema pero cambiando de luz y colorido. Así pintó por ejemplo su serie de El deshielo en Vétheuil (1881), uno de cuyos cuadros pertenece al Museo Thyssen-Bornemisza.

Si volvemos a La cabaña en Trouville que estábamos analizando, es muy interesante el uso del color: la pequeña casa y la vegetación de la ladera sirven como contraste, tienen colores más oscuros que el mar resplandeciente que transparenta la arena y que el cielo luminoso en el horizonte. Monet ha conseguido pintar el aire y la luz de un paisaje casi vacío.

ACTIVIDADES EN EL MUSEO:

Monet ha pintado la cabaña de su cuadro vista desde arriba y colocada a nuestra izquierda, dejando toda la parte derecha vacía, desde cerca de la orilla hasta la línea de horizonte. Ni siquiera se ve la vela de un barco en ese lado.

En la misma sala del Museo Thyssen-Bornemisza hay otros dos cuadros en los que los pintores han elegido un punto de vista elevado, como hizo Monet.

  1. ¿Qué cuadros son?

Como efecto de ese punto de vista, ¿qué parte resulta más grande en la composición?

  1. En el cuadro de Monet:
  2. En los otros dos cuadros:

En el cuadro de Monet la cabaña en la ladera sobre la orilla y los barcos del fondo no están colocados en el centro, sino en un lado de la composición y en el horizonte.

Uno de los dos cuadros que has encontrado con el punto de vista alto tiene también una composición descentrada, sus elementos se han concentrado en uno de los lados y en el horizonte. ¿Cuál es?

Describe cómo son los barcos que Monet pinta en el horizonte, como si se lo explicaras a alguien que no puede ver el cuadro.

Describe también los elementos que hay en la lejanía en el otro cuadro.

Contenido destacado

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Imagen de un cuadro donde aparece un paisaje de costa donde aparece una pequeña casa en primer plano.

Claude Monet,

La cabaña en Trouville, marea baja (1881)

Madrid, Museo Thyssen-Bornemisza