1992 - 2012, 20 años
El punto de vista es el lugar donde se ha colocado el artista para pintar el asunto. Los espectadores contemplamos lo representado a través de los ojos del artista, y, según el lugar en que éste se sitúe, manipula nuestra percepción de dicha escena. En el siglo XVI se empleaba mucho un punto de vista muy alto, llamado vista de pájaro, en el que el artista supuestamente se coloca en el cielo y pinta de arriba abajo. Los holandeses del siglo XVII desarrollarán un nuevo enfoque, la vista panorámica, donde el artista se coloca casi al ras del suelo y recrea una gran ilusión de realidad. Esta vista permite además abarcar extensiones muy amplias de espacio. Otro punto de vista es desde muy abajo, de manera que los elementos representados adquieren grandiosidad y se enfatiza una concepción heroica del paisaje. En el siglo XIX los artistas recibirán la influencia de la fotografía que les lleva a cortar composiciones, experimentar con puntos de vistas sesgados o unir dos puntos de vista en una misma obra. La mirada del artista cobrará cada vez más importancia a medida que su papel como imitador de la realidad disminuye y aumenta la libertad para interpretar su propia realidad.
Esta obra representa una amplia vista panorámica de la orilla derecha del Gran Canal de Venecia, con la iglesia de Santa Lucia como su principal protagonista. Forma pareja con otra tela de idénticas medidas titulada Vista del Gran Canal con San Simone Piccolo y Santa Lucia, que pertenece asimismo a la Colección Thyssen-Bornemisza.
El pintor Francesco Guardi dedicó toda su vida a pintar vistas de su ciudad natal, Venecia. Las vistas de ciudades italianas eran muy apreciadas por los viajeros extranjeros que recorrían Europa en esa época y se conocían con el nombre de vedute. Este subgénero del paisaje tiene su origen en el paisajismo holandés del siglo XVII. pero se desarrolló durante el siglo XVIII en Italia. Las vistas imaginarias con arquitecturas inventadas o sacadas de otra ciudad se conocen con el nombre de «caprichos».
La obra que nos ocupa es una veduta, una vista real. El visitante que llega a Venecia en tren se encuentra con una vista muy similar a la del cuadro, pero desde la otra orilla. La iglesia blanca de Santa Lucia (la primera iglesia desde la izquierda) fue demolida en el siglo XIX para hacer sitio a la estación de ferrocarril. Cuando Guardi pinta este óleo en el siglo XVIII, esa era una parte del Gran Canal poco concurrida. El elemento que confiere interés a este lugar es el punto de vista elegido por el artista. El mismo paisaje puede cambiar mucho si se elige un punto de vista muy alto, como una vista de pájaro, o si se coloca a ras de tierra, como en este caso. Guardi tuvo que situarse a la otra orilla del canal y elevarse levemente, subiéndose a los escalones de la iglesia San Simone Piccolo, para conseguir esta vista panorámica. El panorama es un tipo de ilusionismo pictórico que engaña al ojo consiguiendo que el espacio se extienda hacia los lados y produzca una sensación de gran amplitud. El formato horizontal ayuda a enfatizar esa sensación.
Con un pequeño cuaderno de dibujo en mano, nuestro artista, que ahora tiene sesenta y un años, realiza croquis de los edificios. Como quiere plasmar una parte muy amplia del canal, necesita realizar varias secuencias moviendo levemente su posición y su ángulo de visión. Para reproducir correctamente las proporciones de los edificios, Guardi ha educado el ojo a medir en la distancia, ayudándose de una plomada y un lápiz. En el siglo XVIII los artistas también usaban un artefacto óptico, denominado cámara oscura. Estos aparatos tenían el aspecto de una primitiva máquina fotográfica reflex: una caja grande, provista de una placa de cristal esmerilado, que permitía dibujar a punta de pluma la imagen proyectada debajo de una lente y un espejo. Estas cámaras además eran portátiles y ayudaban al artista a captar la imagen de la ciudad permitiendo ver una reproducción del lugar a pequeña escala sobre una superficie plana.
De vuelta al taller con los dibujos preparatorios realizados al natural, el artista los seleccionaba y unificaba en una sola toma. Para ello, empleaba el método de seleccionar, cortar, y pegar. Tomando esta composición como referencia, Guardi se colocaba ante su caballete a pintar al óleo, aplicando la pintura directamente, alla prima, sin realizar dibujos subyacentes. Los contemporáneos del artista consideraban su técnica abocetada «incorrecta» porque no usaba regla ni compás para dibujar los edificios. En su lugar pintaba las arquitecturas como formas construidas con manchas de color.
ACTIVIDADES
La obra Vista del Gran Canal con Santa Lucía y Santa María de Nazareth, (c. 1780), de Francesco Guardi es un ejemplo de la importancia del punto de vista del artista. Ahora vais a ser vosotros los artistas y vais a elegir un paisaje (puede ser urbano o rural) para crear una vista panorámica. Puede ser el patio del instituto, o la vista desde la ventana del aula, o una plaza cercana. Vais a coger una cámara fotográfica y vais a elegir un punto desde donde vais a disparar la cámara, con la idea de mostrar el máximo espacio posible. A la hora de elegir el punto de vista podéis colocaros al ras de suelo, de pie, de cuclillas, o levemente elevados (sobre una caja o una silla) según la sensación que queráis proyectar. Una vez colocados en ese punto elegido, disparareis una fotografía, después, girareis levemente el cuerpo para tomar otro ángulo, y así sucesivamente hasta realizar un mínimo de tres disparos y un máximo de diez. Intentad siempre solapar un poco una toma con otra. Pero todas las fotografías tienen que estar tomadas desde el mismo punto de vista (bajo, medio o alto). Lo único que debe variar es el ángulo. Por ejemplo, si elegís una plaza cercana, os colocáis en el medio de la plaza, y vais girando levemente de ángulo haciendo tomas hasta que hayáis fotografiado toda la plaza. Este proyecto se puede realizar de manera individual, o formando grupos de 5 ó 6 personas y así crear una obra colectiva. Una vez revelado el negativo, unís las fotos en un gran mural, superponiéndolas. Al separar o montar más las fotografías, podréis expandir o contraer el espacio, produciéndose una manipulación de la realidad muy similar a la que realizó Guardi en la obra analizada
Rembrandt fue el pintor más famoso del Siglo de Oro holandés. Su padre, llamado Hermens, tenía un molino a las afueras de Leiden, cerca del río Rin; por eso su nombre completo es Rembrandt Hermensz van Rijn, que significa Rembrandt, hijo de Hermens del Rin. Pero Rembrandt siempre firmaba con su nombre de pila y es así como todos le conocemos. Su fama internacional se debe a su estilo de tonalidades monocromas con impactantes claroscuros y dramáticas composiciones.
Rembrandt también fue la persona más conocida del siglo XVII en lo que respecta a su fisonomía debido a la sorprendente cantidad de autorretratos que realizó: posó delante del espejo unas ochenta veces para plasmar su rostro en pinturas, en aguafuertes y en dibujos. Este autorretrato en concreto está pintado hacia 1640-1645, cuando tenía entre 35 y 39 años. Ya se aprecian en él algunas señales de su progresivo envejecimiento. Aparece con una gorra negra sobre la cabeza y vistiendo un jubón oscuro con vueltas de piel alrededor del cuello, en el pecho y en los puños. La camisa blanca que asoma en el cuello es el único elemento claro en una obra de predominante oscuridad.
Esta obra esta pintada sobre una tabla de madera de roble, un árbol muy duro y resistente. Normalmente Rembrandt trabaja la pintura al óleo con una gran variedad de pinceladas, desde el empaste rico en materia hasta las transparencias de veladuras muy sutiles. Su pintura, aplicada en capas gruesas y con mucho relieve, era tan célebre que un discípulo suyo dijo: «se cuenta que, en una ocasión, pintó un retrato en el que la pintura se había aplicado tan generosamente que se podía levantar el cuadro del suelo tirando de la nariz del retratado».
Sin embargo, en esta tabla nos encontramos con una pintura muy lisa, con la pincelada disimulada y sin relieve. ¿Es esta obra realmente de Rembrandt? Esta misma pregunta se han planteado muchos estudiosos del artista, algunos de los cuales llegaron a pensar que era una copia de taller. Rembrandt tenía muchos aprendices y alumnos desde que se convirtió en maestro con sólo diecisiete años y éstos se ejercitaban copiando sus obras con tal exactitud que a veces resulta muy difícil diferenciar entre copia y original. No obstante, se ha podido comprobar por los análisis científicos que este autorretrato está pintado por la mano del maestro, si bien ha sufrido una limpieza excesiva que ha eliminado tanto las gruesas pinceladas originales como las finas capas de veladuras.
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Francesco Guardi, Vista del Gran Canal con Santa Lucía y Santa María de Nazareth, c. 1780, óleo sobre lienzo, 48,8 x 78 cm