1992 - 2012, 20 años
La pintura al óleo sobre tabla es un procedimiento ensayado por primera vez en la Edad Media, y que se perfecciona y generaliza en el Renacimiento. Con los pintores venecianos se extendió la costumbre de pintar al óleo sobre lienzo, y esta combinación hizo evolucionar la técnica. La novedad del óleo consiste en que los colores se preparan mezclando los pigmentos con un aglutinante que es el aceite de linaza (sacado de la semilla del lino) o de nueces. Son aceites de secado rápido, pero no tanto como el del temple, por lo que es posible volver a pintar encima de un color y que se mezcle el tono de la primera capa con el de la segunda. Además, el aceite da brillo al color y es resistente al agua. En el momento de pintar, los colores se diluyen usando esencia de trementina. Los soportes para pintar al óleo se preparan con un aparejo en varias capas, que protege la madera o el lienzo y le proporciona impermeabilidad y absorbencia. La primera capa consiste en una cola de origen animal disuelta en agua. Encima se dan varias manos añadiendo yeso a la preparación anterior. Sobre el aparejo se puede dar una capa llamada imprimación, con un color que servirá de base a la entonación del cuadro. Finalmente, la pintura acabada se protege con una capa de barniz.
Esta obra presenta el doble retrato de un hombre y una mujer, enmarcados por arcos de medio punto a modo de díptico pintado. Los personajes representados son Coloman Helmschmid (1470/1471-1532), y su primera mujer, Agnes Breu, reconocibles gracias a los escudos y las iniciales pintadas en la enjuta de los arcos. Sabemos que se trata de la conmemoración de un matrimonio por el anillo que nos enseña el hombre entre los dedos.
Dos pintores distintos intervinieron en esta tabla, algo muy poco común en el Renacimiento alemán. Uno de ellos es Jörg Breu el Viejo (1480-1537), artista nacido en Augsburgo y hermano de la retratada. El otro artista es un pintor alemán anónimo aún sin identificar. Las diferencias entre ambos retratos no son sólo estilísticas y compositivas sino que tienen su origen en un empleo de los materiales diferenciado.
La obra se realizó con pintura al óleo sobre tabla de tilo. La tabla se preparó cuidadosamente con la aplicación de sucesivas capas de aparejo sobre la madera con la finalidad de dejar la superficie blanca, luminosa y uniforme. Sobre esta superficie, el artista ha trazado el dibujo de la composición. El dibujo subyacente, que sólo es plenamente visible por reflectografía infrarroja, indica que la obra está realizada por dos manos distintas desde las primeras etapas. El dibujo de la mujer está muy bien construido, con un trazo firme y seguro, lleno de detalles que perfilan el rostro, y muestran que el artista Jörg Breu tenía la composición perfectamente pensada antes de comenzar la obra. El color azul del dibujo subyacente se aprecia en muchas partes de la tabla a simple vista, especialmente en las carnaciones. El retrato masculino está dibujado más esquemáticamente, sin apenas sombreado.
El tratamiento de las carnaciones está claramente diferenciado, no sólo por tratarse de un hombre y una mujer, que convencionalmente tienen tonalidades de carne diferentes, sino principalmente por tratarse de dos manos distintas. El tono de piel del hombre está conseguido gracias a la imprimación, de tono grisáceo que ha utilizado el artista como base. En cambio Jörg Breu, en su retrato femenino, no ha utilizado una imprimación, se ha saltado este paso para aprovechar el fondo claro que proporciona el aparejo como base para las zonas más luminosas del rostro de la mujer.
Por último, los colores en los paños y vestidos están aplicados puros, con una brillantez e intensidad que solo se consigue cuando no se mezclan los colores entre sí. Los colores se hacían en el taller del artista. Primero se compraba el pigmento seco en un boticario para después macerarlo con una piedra hasta conseguir granos finísimos que posteriormente se mezclaban con aceite de linaza.
Tiziano pintó varias veces a san Jerónimo, y siempre le retrató como un anciano penitente que reza a Cristo en un paisaje solitario, lejos de cualquier pueblo o ciudad. Esta era la forma tradicional de representar al santo. En este cuadro la luz dirige nuestra atención hacia el brazo, la cabeza canosa y la Biblia que sostiene el santo con la mano izquierda. Su otra mano tiene agarrada una piedra con la que va a golpearse el pecho, porque está haciendo penitencia, y a la vez que reza, se castiga. A los pies de san Jerónimo en el lado derecho, un león duerme, con la cabeza apoyada en las patas.
Tiziano Vecellio (1490-1576) fue el maestro más célebre de la escuela veneciana del Renacimiento. Tuvo grandes clientes, como el Papa, el emperador Carlos V y el rey Felipe II; y pintó además para grandes aristócratas italianos y europeos. No obstante, vendió también muchos cuadros en Venecia, donde vivía.
El cuadro está pintado en un lienzo sobre el que se ha hecho un dibujo muy resumido en carboncillo, que servía para situar la figura en el espacio. Enseguida, esas primeras líneas se cubrían con otras líneas muy ligeras a pincel. Es posible aún distinguir unos trazos del primer dibujo en la larga pincelada oscura que sigue la forma del borde de la roca bajo el libro del santo, a la derecha.
Tiziano comenzaba a pintar distribuyendo las zonas de luces y de sombras, para dar una idea de la escena. Es un trabajo hecho directamente con los pinceles y el óleo, poniendo los colores sobre el lienzo, y se llama pintar alla prima. No se sigue un dibujo hecho con mucho detalle de todos los elementos del cuadro, sino que se busca un ambiente general de color para la obra. Si entornamos los ojos ante este cuadro de san Jerónimo, tenemos la sensación de un paisaje rocoso en la penumbra, y sólo destacan por la luz la cabeza, el brazo del santo y la Biblia.
En el cuadro notamos las pinceladas y su trazo da un gran movimiento a la escena. Aunque el santo está de rodillas, tenemos la sensación de que hay una agitación en la figura y el paisaje de alrededor. Los árboles y arbustos que hay en las rocas están hechos como si fueran manchas, sin dibujar con detalle las ramas o las hojas. Por esto se dijo que Tiziano hacia una «pintura de manchas», porque cerca del cuadro no vemos las formas con detalle, y sólo al alejarnos de él, nos parece que vemos mejor la escena.
Es uno de los últimos cuadros de Tiziano, y quedó inacabado. Da la sensación de haber sido pintado rápidamente, sin atender mucho a los detalles, resumiendo la escena en lo más importante. Esto se llama pintura abocetada.
La Virgen María es la protagonista de este cuadro. Destaca porque es el personaje más grande y está situada en el centro de la composición. La escena es nocturna y, en la oscuridad, la luz se concentra en el cielo, hacia donde suben los ángeles que acompañan a María. Sobre la cabeza de la Virgen está la paloma del Espíritu Santo, resplandeciente.>
Seguramente este cuadro se pintó para el altar de una iglesia de Toledo, que es la ciudad donde se instaló El Greco cuando llegó a España. Allí abrió su taller y empezó a pintar encargos. Él había nacido y había comenzado a pintar en la isla de Creta, y pasó después unos años en Italia perfeccionando su técnica. Fueron muy importantes, porque allí aprendió de Tiziano y Tintoretto los recursos de la escuela veneciana, que había inventado nuevas formas de pintar experimentando con el óleo.
El cuadro está hecho sobre un lienzo clavado en un bastidor de madera. El Greco utilizó en sus últimas obras, como ésta, un tono rojizo algo oscuro en la última capa del aparejo, que se llamaba imprimación o imprimatura. (Aquí se puede ver la imprimación en los oscuros de las cabezas de los ángeles que sirven de base a la Virgen. También tras los blancos y azules de las nubes en la mitad inferior del cuadro, sobre todo cerca de los bordes laterales).
La pintura se ha hecho con una gran libertad, gracias a la técnica que permite el óleo. El Greco es capaz de pintar materiales que nos parecen distintos gracias a como usa las texturas. Éstas son las superficies creadas por las capas de pintura, que nos dan la sensación de que podríamos tocar distintas materias: las nubes del cielo; las diferentes telas: como el manto azul y el velo suave y más transparente de la Virgen; o la piel de las manos y las caras, los labios, los ojos...
El Greco es el mejor ejemplo de los logros de la pintura a la veneciana en España. En el resultado final, el cuadro queda organizado por el trabajo con el color, que tiene más importancia que el dibujo. Es un color intenso y muy libre en relación con los colores naturales.
ACTIVIDADES
1ª. Comparación con otros cuadros en la sala
Fíjate en el manto de la Virgen en el cuadro de El Greco, y compara sus pliegues con otras telas de los vestidos de los personajes que hay en los cuadros de esta sala. ¿En qué cuadro la tela de una falda parece más dura que ésta? ¿Hay en algún otro cuadro un manto con una tela más blanda?
2ª. Construir un collage o un mural con el tema del pliegue
En el cuadro de El Greco las telas son una parte muy importante de la composición, tanto en su forma como en su color. Al mirarlas, nos llaman mucho la atención sus pliegues. Busca fotos de obras de arte en Internet en las que aparezcan pliegues, tanto en ejemplos de pintura como en escultura o dibujo. Imprímelas y haz una pequeña colección.
Enseguida te darás cuenta de que no sólo se forman pliegues en las telas de los vestidos. Los hay también en las cortinas, en los telones de los escenarios del teatro, en las banderas, en los pañuelos, en los peinados, en el papel... Después de buscar fotos con pliegues, procurando que sean muy variadas, como tiene que ser una buena colección, puedes pegarlas en una cartulina y fabricar un collage. También puedes pegarlas sobre un papel continuo grande y hacer un mural para tu clase. Puedes añadir a las fotos pliegues fabricados por ti mismo doblando papeles de distintas clases: folios, papel de periódico, tebeos, cartulina…
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Jörg Breu, el Viejo y pintor anónimo, Retrato de boda de Coloman Helmschmid y su mujer Agnes Breu, c.1500-1505, óleo sobre tabla, 38 x 47,9 cm
Tiziano, San Jerónimo en el desierto, c. 1575, óleo sobre lienzo, 135 x 96 cm
El Greco, La Inmaculada Concepción, c. 1607-1613, óleo sobre lienzo, 108 x 82 cm